Brindis con copas repletas

El saber popular, tan accesible, tan común, califica de víbora a quien ose decir algo falso buscando afectar a alguien y pretendiendo un beneficio propio. El calificativo, aunque algunos lo duden, se adecua perfectamente a nuestra experiencia cotidiana, pues el veneno de la serpiente vertido en palabras destruye letalmente. Antes de atacar, la serpiente se desliza suave y lentamente, reconoce a su presa y, en el momento oportuno, ataca. El veneno tiene un efecto más letal cuando está disfrazado de algo gustoso, como el vino. A quien se le ofrezca una copa rebosante del astuto elíxir, puede detenerse a observarlo, quizá ponga en duda si es vino auténtico o alguna otra substancia, aunque le será difícil rechazar el obsequio por haber sido ofrecido con mano de aparente amistad. La duda será disuelta cuando el veneno haya hecho su efecto destructivo. Eva y Adán no se dan cuenta del error de haberse dejado seducir por la serpiente astuta hasta que se los muestra Dios.

La pronunciación de las palabras venenosas la encontramos en diversos ámbitos y múltiples circunstancias de la cotidianidad. Aunque un ejemplo concreto podría clarificarnos cómo se va expandiendo el veneno. Supongamos la existencia de una persona molesta y quizá la molestia que sienten algunos sea por un buen número de razones. Como siempre sucede con una persona odiada, hay quienes se muestran más adversos hacia ella, hay quienes son sus enemigos. Algunos enemigos siempre están al acecho de la ocasión oportuna para hacerle daño. La ocasión surge: el odiado recibirá la visita de un amigo para él y muchos otros muy querido, y no sin motivo, pues es una persona buena, a tal grado que le gusta ayudar desinteresadamente. Los enemigos del odiado hacen una fiesta donde todos sus compañeros de odio están invitados; la fiesta es excesivamente grande, está planeada para recibir no sólo a los partidarios, sino también a quienes quieran unirse a su causa. El culmen de la fiesta se da cuando todos están hablando mal sobre el odiado e, increíblemente, sobre su amigo a quien ni siquiera conocen. Todos se han convencido entre sí de la maldad de ambos sujetos. Los organizadores hacen un brindis, entre todos se quieren convencer de lo positivo de destruir al odiado, su amigo, y todos los amigos de estos. El vino es bebido. El veneno se ha regado.

Yaddir

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