Amistad y tragedia

Amistad y tragedia

 

Las grandes amistades, dicen, son las amistades fuertes, pues son las que resisten los embates del destino. La contingencia humana encuentra en la amistad regazo: consuelo y abrigo en la tempestad se piden del amigo. La amistad, concluyen, es oasis de confianza, un claro en el diario mundo cuitado, templo de cálida esperanza. Frente a la tragedia del mundo, la amistad nos permite seguir adelante. Evidentemente, hablo aquí de la comprensión de la amistad desde el sentimiento trágico de la vida, esto es, desde la más creíble de las opciones para oponernos al progreso. Porque desde el sentimiento trágico de la vida es muy claro que la amistad utilitaria de los progresistas es un abuso del hecho amistoso y un desprestigio de la condición humana: la amistad utilitaria es indignante. La dignidad humana, dice la contraparte del progreso, se muestra preclara en el torreón de la amistad en que resistimos el declive del mundo. En la tragedia, la amistad es aliento renovado.

La confianza es el fundamento de la amistad trágica, al tiempo que es también su límite y el origen de sus males. Para el hombre con sentimiento trágico de la vida es clara y evidente la falsedad del fundamento de la amistad utilitaria, así como es evidente y claro que dos son amigos hasta que expresan su humanidad en la confianza común, en esa inacordada concordia por la que algún día nos descubrimos amigos, en ese andar juntos el camino en que lo importante no es cuidarnos del otro, sino con el otro. Cuando el hombre con sentimiento trágico de la vida sitúa a la confianza como principio de la amistad está a un paso de comprender la amistad política: lo importante no es el bien personal, o el acuerdo en torno a la conveniencia de los bienes personales, sino el bien común. La amistad política es el cuidado del bien común. El bien común se pierde cuando en el seno de la amistad política nace la desconfianza. Cuando los hombres con sentimiento trágico de la vida desconfían unos de otros imposibilitan sus amistades. La desconfianza arruina la amistad; la enemistad siempre es un resentimiento; la guerra es la expresión sentimental de los resentidos.

La desconfianza pone fin a las amistades trágicas y muestra la inevitable comprensión sentimental de la amistad desde la visión trágica. Situar a la confianza como fundamento de la amistad implica, además, la imposibilidad metafísica de la amistad misma. Desde la comprensión trágica de la existencia es imposible reconocer algún fundamento natural de la amistad, así como es inevitable reconocer a la amistad como una realización fortuita y siempre frustránea. La amistad es fortuita porque la confianza es sentimental; es frustránea porque el hombre nunca puede disponer de las condiciones para su felicidad. Carece de fundamento metafísico porque es imposible el consentimiento de la existencia: para el trágico no puede ser buena la vida, cuanto más es buena la suerte. Por ello, la visión trágica no puede aceptar el cambio en la amistad. La amistad trágica es estática; cualquier cambio es una traición a la confianza. Ante la confianza traicionada no hay nada que hacer con la amistad: bajo el cielo de la tormenta sentimental de la desconfianza no hay perdón posible que germine en la tierra. La amistad trágica es consuelo temporal de nuestra existencia finita. La amistad trágica es fatal, irrenovable, irresistible por irresistente. La amistad trágica tampoco puede renovarse en las fuentes; no abre un lugar al arrepentimiento. Por ello, desde la visión trágica, las grandes amistades son las que parecen más fuertes, porque ocultan nuestra propia pequeñez. Los amigos trágicos están condenados a compartir su infelicidad. La infelicidad también nos aleja de lo que somos. La tragedia también es una forma del progreso.

 

Námaste Heptákis

 

Los desaparecidos. Ya se han cumplido 17 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. El abogado de los padres de los desaparecidos informó que en el poder legislativo les fue negada la solicitud de hablar en tribuna porque en la hoja de petición no aparecen las firmas de al menos un familiar de cada uno de los 43 desaparecidos; los trámites como escudo de injusticia.
Por otra parte, ya se cumplió un mes de la desaparición forzada de cinco jóvenes en Tierra Blanca, Veracruz. El pasado 29 de febrero, el subsecretario de derechos humanos de la Segob, Roberto Campa, informó a los padres la detención de un testigo del homicidio de los cinco jóvenes. Hasta donde se sabe, la desaparición se debió a una venganza. Los jóvenes fueron levantados por la policía y posteriormente entregados a miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación en el rancho El Limón, donde fueron torturados y asesinados. Posteriormente, los cuerpos fueron calcinados y los restos triturados y enterrados en dicho lugar. Falta presentar las pruebas. Y en información derivada del caso, Milenio informó el pasado 3 de marzo que dos de los policías involucrados en la desaparición forzada de los cinco jóvenes de Tierra Blanca han sido señalados por un testigo como responsables de la desaparición y homicidio de otros dos jóvenes el pasado 12 de diciembre. Los desaparecidos no deben ser olvidados.

Escenas del terruño. 1. Según estima la asociación Unidos contra la Trata, al menos 50 mil niños son esclavos sexuales en la frontera norte de México; añádanse otros 20 mil en el resto del país. 2. No es nuevo señalar como fraudulento al Partido Verde, pero su más reciente delito es cosa que debe ser documentada. Aumentemos notas a la lista de la impunidad verde, el vivo retrato de la política joven mexicana. 3. Léase la importante reflexión de Jesús Silva-Herzog Márquez sobre el escarnio público de las infracciones cívicas. 4. La censura a la actividad periodística de Joaquín López-Dóriga sigue… tres semanas y contando. 5. A juicio de Enrique Krauze son notorios los rasgos fascistas en el discurso de Donald Trump. 6. Según datos del periódico Reforma, durante el mes de febrero se promedió un total de 15 ejecuciones al día.

Coletilla. «Dios no concede a la naturaleza un poder capaz de vencer la noble voluntad que existe en la castidad». Isaac de Nínive