Reencuentro

Soñaba con una habitación iluminada por una fría y fresca luz; las lámparas, blancas hasta producir terror, se reproducían en el techo incesantemente, empujándose entre sí. Había, también, muchas camas: a la izquierda cuatro camas matrimoniales y a la derecha cuatro literas; en el único hueco disponible entre los lechos se encontraba una persona chocantemente familiar, quien, al verme, sonrió y se tocó con la mano derecha el corazón; segundos después era yo quien estaba rodeado de camas. Subía a la parte alta de la primera litera. Tenía la sensación de estar esperando algo. Miraba hacia la puerta por la que hace poco había entrado. Esperaba. Miraba mis manos y, en ese ligero descuido, alguien con vestimenta obscura caminó hacia una cama individual; luego se sumergió en el suave colchón de la primera cama matrimonial y se enrolló como caracol; yo también quería dormir así en mi litera, pero un fuerte olor a piel vacuna me intrigó. Ese olor trajo consigo la consciencia de la realidad, de que yo estaba en un sueño y desperté.

Recuerdo ese olor y la chamarra de piel que lo expedía, pero no a la persona que la usaba. Esa chamarra recuerdo haberla percibido hace dieciséis años, recuerdo el día, la reunión… también recuerdo la comida: arroz y mole con pollo. Esta última pista es mala, confusa, pudiera haber sido cualquier reunión. Aunque ese día la pase bien; curioso me parece que ahora ese recuerdo me sea más alegre que cuando estaba en aquella reunión; el recordar siempre condimenta las experiencias pasadas, principalmente las dulces y las saladas, incluso las trastoca. Había mucha gente en aquella ocasión. Había mesas, sillas, sol, mucho sol… Pero no puedo recordar nada más. El sueño puede ayudarme a reavivar la memoria. ¿Cómo entender el sueño? ¿La luz era la de un hospital o la del internado?, ¿salía de alguno de esos lugares? No, no era eso. Quizá luego lo sepa.

Hoy habrá una reunión familiar donde siempre: en la casa cercana al bosque. Siempre me han molestado las reuniones familiares, el cóctel de los recuerdos deslavados, las risas casi programadas, la charla prevista sobre el clima. Sólo un familiar me hacía pasaderas esas horas, me caía muy bien. ¡Exacto! La chamarra de piel, la espera después de tantos años, su timidez y sus múltiples evasivas. ¿Vendrá? Pero, ¿por qué los otros elementos del sueño no embonan en tan amable espera? Sería mejor que no viniera. De todos modos no llegará. Nunca pensé que un sueño pudiera ser tan clarificador. Debió haber sido terrible lo que le hice para que aún en este momento no pueda recordarlo. Lo mejor será envolverme como caracol.

Yaddir

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