Telarañas

A veces parece, y hasta lo creemos y afirmamos, vemos que hacen falta una tormenta seguida de un brillante rayo de sol para que nos demos cuenta de la telaraña en la que vivimos.

Pero sólo es apariencia, porque no es la tormenta, sino la luz, la que nos deja ver el orden de los hilos que nos parecen sumamente enredados.

Maigo.