La permanente finalidad

Nuestras relaciones cotidianas se caracterizan por desenvolverse dentro de la rutina, por circular en la esfera del trabajo, la familia, los amigos y el descanso. Quizá sea por eso que las escenas no previstas, aquellas que no pudimos escribir en nuestro guion, nos causan sorpresa y las enviamos al ámbito del destino. Volviéndolas a revisar podemos darles alguna posible, aproximada, explicación. Pero no es fácil explicar lo atípico, resulta de lo más complejo, pues diversos motivos pueden incidir en una acción; o la finalidad de una acción, el motivo principal para realizarla, puede llevarse a cabo de diversos medios, es decir, la finalidad puede ser una, pero se puede realizar de diversas maneras.

Mientras los vientos de los tiempos cambian, el hombre insiste, persiste, en las mismas finalidades. Pese a que también persista en los medios, esto sólo es aparente, pues siempre tiene alguna finalidad al actuar, aunque no quiera verlo así. La principal finalidad del hombre está en vivir bien; sus medios nunca son los mejores para lograrlo. Como no se puede actuar sin relacionarse con los demás, en algún sentido el hombre siempre quiere destacarse en su acción. Pero si los medios de la acción son, por así decirlo, viciosos o reprobables, sólo se destacará con unos cuantos. La finalidad no sólo se mide por la efectividad de la acción, sino también por el modo como incide en los demás; pese a no ser efectiva una acción realizada con los mejores medios y con la mejor finalidad, el virtuoso se verá beneficiado por tal acto (como nos cuenta Montaigne que los guardias de Dionisio el Viejo, un tirano, se vieron maravillados por el valor de Pitón ante el castigo impuesto por el mencionado tirano; tan maravillados que pensaron en amotinarse). Los medios de una acción no se agotan en una única finalidad.

La comprensión de una acción involucra a más de una persona, pues se da dentro de un contexto amplio, complejo de definir. Las acciones que más nos maravillan son las más atípicas no porque sean las más originales, producto de una personalidad especial, sino porque son aquellas de las cuales más podemos aprender. Lo mejor sería que nos maravillasen las mejores acciones, pese a que el contexto en el cual las observemos les sea adverso, y aunque sean las más difíciles de reconocer. Cualquier villano se maravilla con las más astutas trampas.

Yaddir