La suavidad de la poesía

La poesía es la joven bella que todos admiran pero muy pocos están dispuestos a casarse con ella. En su mayoría la contemplan en lo alto y algunos valientes confiesan su amor. Otros la ven con extrañeza y no saben por qué comparten la misma habitación. Con dificultad podemos discernir qué significa la poesía. Abrumados por rimas y metáforas, nos vemos incapaces de ofrecer una respuesta satisfactoria. En tanto que no podemos explicarnos y aparece como algo extraordinario, tendemos a menospreciarla o minimizarla.

El desinterés puede observarse, por ejemplo, en estadísticas de venta o poniendo atención en las librerías y sus visitantes (sean o no asiduos lectores). Entre los clásicos tres libros y medio que lee el mexicano por iniciativa propia, encontramos novelas o los pertenecientes a la superación personal y financiera. Sus lecturas van desde historias próximas al cine, narraciones para señoritas de alcurnia o consejos para hacerse rico en los bolsillos y en el alma. Varias librerías lo saben y apuestan a ello: la publicidad de esta clase de libros adorna los lugares y los estantes parecen preferir rellenarse por ellos. Los publicistas saben bien que la poesía no vende. El nicho de mercado es demasiado pequeño para obtener alguna ganancia.

A primera vista resulta ajena a nosotros, debido a que ninguno propiamente es poeta. Los vericuetos placenteros y densidad en lo cantado puede colmar la paciencia de muchos. Se desesperan ante lo dicho por el poeta y lo desestiman ante la pérdida de tiempo. Bajo esta percepción reluce un modo en que entendemos la lectura. Frecuentemente aceptamos a los libros como medio de información. Leer serviría para saber algo nuevo, adquirir un conocimiento o enterarnos de algo que desconocíamos. Muchas campañas pretenden promover la lectura a partir de este propósito. La lectura no sólo sería un pasatiempo, quedaría avalada por su utilidad en la formación del individuo (aunque no sepamos qué clase de individuo estamos forjando). En este rubro la poesía resulta estorbosa. A pesar de que los amantes queden endulzados por el canto, la aportación poética resulta mínima. Tal vez sea otra manera de mencionar algo, un modo ingenioso para decirlo, sin embargo para brindar información puede resultar hasta problemático.

Para considerar los libros como medios de información, el modo en que hablamos y escribimos debe prestarse para ello. Entre más claro sea lo escrito, habrá mayor facilidad en su lectura. Sería exitoso el medio si resulta accesible para todos; una puerta que no es necesario empujar mucho para ingresar al cuarto de riquezas. La poesía podría verse como un juego literario, ingenioso, que no se tomaría muy en serio. Al menos como medio informativo, como libro, no cumple su fin. En dicho caso los poemas podrían tener la utilidad de hablar de sentimientos y emociones humanas. Adornar las palpitaciones del corazón y honrar nobles experiencias que tiene el poeta. Aun así, la poesía hablaría del fuero interno y no sería información valiosa como podría obtenerse en otros lados. Nos apabulla con su belleza la dama, pero no la vemos digna de cuidar nuestra casa.

Buscar por información clara y directa hace parecer a la poesía un circunloquio molesto. En el momento donde queremos que las palabras sean saetas certeras, resulta problemático que algunas vuelen como gorriones. A pesar de ello, la poesía permanece sutilmente entre nosotros, por mucho que la menospreciemos. Quizá tendamos a restarle importancia, pero a marchas forzadas siguen publicándose poemarios y en algunos sigue naciendo el deseo por la poesía. Incluso el mismo gusto y hasta devoción por canciones reluciría que no la hemos abandonado. Sopla en el viento aunque a veces su paso sea imperceptible. Si no sirve para las ventas ni para informarnos o cultivarnos, ¿por qué la seguimos leyendo o escuchando? A partir de estas ascuas cabría reflexionar acerca de nuestra posible experiencia poética.

Moscas. Los estudiantes del IPN no veían resueltas sus demandas y el paro de clases persistía. Recientemente se decidió reanudar clases, aunque aún falta la ratificación de cada plantel. Ante esto, surge una versión interesante de quién agitaba la movilización. Un futuro candidato sería capaz de poner en aprietos al gabinete federal.

II. Habiendo dando un vuelco, uno de los famosos Porkys ha sido capturado. Con un auto de formal prisión, Enrique Capitaine espera (¿o apelará?) sentencia definitiva. Ante ello, por medio de redes sociales, su padre promueve las pruebas en defensa de su hijo. Mientras tanto Javier Fernández denuncia hostigamiento en su contra.

III. La subestimación de los problemas propició los reinados de terror en estados como Guerrero, Michoacán y Tamaulipas. ¿Sucederá lo mismo con el anteriormente pacífico Baja California Sur?

IV. Ya que hemos mencionado a Tamaulipas, en estas semanas nos hemos enterado de la deserción de varios candidatos por la presión del crimen organizado. Hace años el mandato actual empezó con el pie izquierdo y estas deserciones sólo prueban que no se cumplió la mentira de prometer seguridad a los tamaulipecos.

Y la última… Semana tras semana, Luis González de Alba ha promovido la entrega de la medalla Belisario Domínguez a Gonzalo Rivas Cámara. Como bien se apuntó el sábado en el blog, la semana pasada el columnista formalizó la petición. Y, alguna vez lo dijo con justa razón, eso sería poco.

Carmín

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