Eros y lo gay

Eros y lo gay

Hay quien dice que la homofobia es una especie de temor hacia lo desconocido. Eso sería cierto si el homoerotismo fuera una conducta meramente sexual. Sería cierto si, como dice ese gran porcentaje de nuestro homofóbico país, los gays fueran una excepción a la regla. Nótese que, al tiempo que hablamos de normalidad en la conducta sexual, no hablamos bien de la depravación que en ella puede haber. Nótese que nos indigna que los gays y los transexuales sean discriminados, y que las mujeres sean ultrajadas, pero que no sabemos decir en dónde está la anormalidad en el deseo sexual. En la sexualidad no existen anormalidades, a excepción de la disfunción eréctil y cosas parecidas.

Somos tan realistas, que pecamos de ingenuos. El deseo amoroso no puede ser explicado coherentemente por la teoría del sexo. Uno no se enamora siempre para tener descendencia. El hombre puede reproducirse, pero puede llegar a vivir bien sin ello. Por eso, la “normalidad en el placer” amoroso no es una explicación. El homoerotismo no es una disfuncionalidad biológica. El placer se da en el acto carnal de cualquier manera. En dado caso, el placer es una consecuencia evidente que nos nubla el acto amoroso, así como el deseo. No hay placer en ausencia del amado, y eso es lo importante. El deseo carnal es sólo una chispa en la brasa que el erotismo enciende en nosotros. Una chispa que puede no existir, sin que el amor por ello disminuya. La carne no es un nombre fantástico para hablar de esa experiencia desiderativa: en ella lo importante no son los sexos.

Si uno puede amar bien, entonces, la carnalidad está relacionada u opuesta con la bondad en el amor de manera distinta, y no según el criterio sexual. El homoerotismo no es una anormalidad, porque sigue siendo amor, tan natural como el amor “normal”. No hay alguna falla pedagógica que produzca amanerados, pues esa explicación supone que el hombre impetuoso, el machito, es la única y mejor posibilidad del ser del hombre. La naturalidad del amor va junto con la naturalidad del deseo. Uno no necesita explicaciones psicoanalíticas para la existencia de lo homoerótico, así como no puede explicar satisfactoriamente, de manera absolutamente racional, las razones por las cuales se enamora.

La reflexión sobre el homoerotismo nos enseña que lo normal es el amor. Si, en la experiencia del amor, la carnalidad es sucedánea, pero sólo como posibilidad, quiere decir que la unión entre sexos distintos es sólo un momento, un ejemplo de ello. Lo homoerótico no puede romper con la naturalidad, porque al amor, como he dicho, no lo define del todo la diferencia de género. Eros puede hacernos vislumbrar la belleza en lo finito, en lo pasajero; el gusto por las mujeres o los hombres no es algo aprendido. La unión entre hombre y mujer, así como entre hombre y hombre tiene modo de ser igualmente viciosa o virtuosa. Por eso la experiencia de la carne nos abre a incluir en ella a la homosexualidad, y no a excluirla.

Tacitus

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2 comentarios en “Eros y lo gay

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