Piedad

Yo debí haberme muerto hace ya mucho tiempo, padre. Yo creo que desde aquella tierna edad en que un mal aire vino a inflamarme los bronquios. Dios quería que partiera a su lado desde entonces, tal vez porque yo todavía no había aprendido a maldecir. ¡Ay, yo no sé quién habrá sido el desgraciado que me llevó a airar al Señor! ¡Cuántas penas me hubiera yo ahorrado de haber mis padres cumplido Su Voluntad! De haberme muerto de chiquito, me hubieran enterrado con mis dos pies y mi carne no tendría las marcas de las bubas que un día, sin más, me salieron en todo el cuerpo. ¡Ay, padre, me atormenta saber que toda mi vida, Él me ha querido matar!

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