Honor e inspiración

Honor e inspiración

 

La posibilidad de la salvación comienza a comprenderse cuando se distinguen revelación e inspiración. La comprensión errónea de la inspiración supone un sentido de la acción humana que cancela la posibilidad de la salvación. La comprensión errónea de la revelación supone que la salvación es liberación de la acción. Liberarse de la acción es una renuncia al honor. Suponer que el mejor hombre es el que no actúa es la cancelación del honor. Si queremos, ante el fracaso de la política, recuperar el honor –y con ello el sentido verdadero de lo honorable-, será necesario comprender la inspiración.

En el cosmos de los diálogos platónicos es en el Ión donde se trata el problema político de la inspiración. Someramente puede decirse que en su conversación con el rapsoda, Sócrates nos deja ante una disyuntiva importante: o hay una sabiduría especial para comprender la poesía o la comprensión poética es un regalo divino. Apostar por la sabiduría implica una disposición técnica. Decidir por el dón supone una posición política. La disposición técnica supone, a su vez, que el hombre puede aprender a leer poesía, que la sabiduría poética es enseñable, que lo poético, por tanto, no es subjetivo o irracional. Casi nada de eso se implica en el regalo divino. Casi nadie llegaría a sospechar que el regalo divino pide de una cierta técnica. Aunque casi cualquiera podría suponer que se necesita de una cierta disposición para el acaecimiento del regalo divino. Mas Sócrates expone la disyuntiva: pensar a la poesía como problema político es señalar la solución de continuidad de la temporalidad y la eternidad. El problema político de la inspiración es el problema entre la historia y lo eterno, el problema de la posibilidad de la revelación.

Desde el historicismo radical, el problema político se soluciona explícitamente a partir de un llamado suprahistórico. Sin embargo, el llamado suprahistórico es la presentación pública –y sólo en un sentido política- que oculta el sentido auténticamente radical del historicismo. Apuntar un llamado suprahistórico es sustituir la incomprensión del problema de la revelación con la comprensión vulgar del historicismo radical –y en tanto vulgar es pública, y sólo en ese sentido es política-. La comprensión auténticamente radical del historicismo radical se muestra cuando se considera que la inspiración sólo puede ser intrahistórica. La inspiración, aquí, supone un telos como nuevo inicio del destino asumido: la inspiración es una fiesta; la fiesta recupera el sentido original; la originalidad siempre es inspirada. La inspiración, “querer más allá de sí”, es siempre una resolución de sí. El honor del ser resuelto se presenta públicamente como destino asumido: ¡estar a la altura de la historia! La historia que se asume como destino cancela la posibilidad del milagro.

Que la inspiración sea intrahistórica es una necesidad para que el historicismo radical pueda ocultar el sentido cristiano de lo eterno. Por su principio intrahistórico, el historicismo radical puede oponerse públicamente a la incomprensión del problema de la revelación mediante la comprensión vulgar del historicismo radical: no necesita revelación quien supone que la inspiración es una participación extática de lo “eterno”. En el nivel público, y en tanto el problema de la revelación no sea públicamente entendido, lo eterno y lo “eterno” son suprahistóricos y asimilables en lo numinoso; como si el problema sólo fuese que todavía somos humanos y que “todavía” no somos eternos. En el nivel público, el historicismo radical ha despechado la disyuntiva socrática.

Sin embargo, en la comprensión radical del historicismo radical la disyuntiva socrática se mantiene y se extenúa: así nace la inspiración desgarrada. La inspiración desgarrada, empero, es indiferente al honor y no puede ser política; no por ello, dicho sea de paso, evita la tiranía: el mandamiento de la crueldad como probidad filosófica. La comprensión radical del historicismo radical refuta el progreso. Uno puede sospechar, siguiendo a Voegelin, que al fondo de la refutación del progreso por la inspiración desgarrada se encuentra una tesis gnóstica. Precisamente es el gnosticismo quien más se ha esforzado en distraer la atención del hecho de que en Jesús se encuentran la temporalidad y la eternidad sin solución de continuidad.

La encarnación modifica las posibilidades de pensar la disyuntiva socrática, pues mediante ella se distingue de la inspiración y la revelación. La segunda se cumple en Jesús. La primera se presenta en cada hecho poético. La revelación es la confirmación de la posibilidad del milagro. La inspiración es la fortuna de atrapar un milagro. La inspiración es posible porque Dios habla como hombre. La poesía se entiende porque entre los hombres nos hablamos. Aprendemos y enseñamos a hablar. Hacemos nuestro mundo de palabras: damos razones y las discutimos. Nos entendemos. Por esto es que la inspiración bien entendida da razón del progreso del mundo.

 

Námaste Heptákis

 

 Los desaparecidos. Han pasado 20 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. A tres semanas del anuncio de un mecanismo de seguimiento internacional de las investigaciones del caso, los funcionarios federales no han dado detalles de en qué consistiría dicho mecanismo.

Por otra parte, ya son cinco casos de desaparición forzada en Veracruz. 1. Los desaparecidos de Tierra Blanca (José Benítez de la O, Mario Arturo Orozco Sánchez, Alejandro González Díaz y Susana Tapia Garibo, desaparecidos por policías municipales en Tierra Blanca el pasado 11 de enero). 2. Claudia Ivonne Vera García del colectivo “¿Y quién habla por mí?” fue desaparecida por policías estatales en el municipio de Veracruz el pasado 23 de marzo. 3. Los desaparecidos de Papantla (Alberto Uriel Pérez Cruz y Luis Humberto Morales Santiago, desaparecidos por policías municipales en Papantla el pasado 19 de marzo).  4. Jesús Alan Ticante fue desaparecido por policías municipales en Papantla el pasado 19 de marzo. 5. Diego Arnulfo Bazán Vargas fue desaparecido por policías estatales en Veracruz el pasado 7 de abril. No hay novedades sobre ninguno de los casos. Pero mañana los veracruzanos votarán por su nuevo gobernador.

Escenas del terruño. 1. Mañana se cumplen siete años del incendio de la guardería ABC. Como lo dije el año pasado: sería bueno que aprovechando el aniversario, Enrique Peña cumpla su promesa de campaña y se reúna con los padres. 2. El pasado domingo 29, en Reforma, Gabriel Zaid señaló diáfano el problema de la planeación oficial de acciones para combatir la contaminación: “las carreras políticas se mueven por tramos de unos cuantos años, insuficientes para el lucimiento en acciones de largo plazo”. Y luego señaló ideas prácticas para el caso. Hay que leerlo. 3. El pasado jueves se señaló aquí la incompetencia del hombre que ostenta el puesto de gobernador de Chiapas. Un detallito más de los usos y costumbres de la política chiapaneca. 4. ¿Defensa de los derechos humanos o totalitarismo suave? Está en las manos del Ministro de la Suprema Corte, Eduardo Medina Mora, el primer caso en que un indigente demanda al Estado mexicano la protección y los servicios que le garantiza la ley. La resolución de la Corte sobre este caso es importante pues si bien de un lado se velan los derechos del individuo, del otro se fortalece eso que Hilaire Belloc llamó el Estado servil.

Coletilla. “Donde no queda lugar al vicio el bien es infinito”. Gregorio de Nisa

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