Productos del arte

Recientemente escuché una voz que me decía: “el arte se divide en dos: el burgués y el popular; el primero corresponde a todo aquello que está vedado para las masas y celosamente guardan en bóvedas los capitalistas; el segundo, obviamente, es aquel que lucha por la liberación del pueblo, grita lanzando el alma con la voz para que todos se desencadenen del ruido de los coches capitalistas.” No sé si sea preciso encontrar el hueco de la biblioteca donde salió la semilla para esta frase, pues eso podría ser tildado de pensamiento inerte o empolvado. Pero me parece relevante el reflexionar sobre si el arte puede ser accesible a todos, aunque el artista no sepa por qué creó lo que creó.

¿El arte puede ser cualquier clase de producción humana? Si sí, muy internamente todos tenemos el potencial de ser artistas y lo obramos cada día. ¿Qué necesita una obra producida por el hombre para que sea considerada como obra de arte o artística? Puede ser simple impulso pasional o monumento de las mentes más brillantes que iluminan por su pureza. Ambas respuestas parecen insuficientes. Pero ambas intentan apuntar a lo que nos pasa ante el arte: podemos emocionarnos y reflexionar a la vez. No reflexionamos como cuando leemos o escuchamos algo que nos ha llamado la atención, sino parece que toda la imagen nos obliga a no quedarnos con pedazos de ocurrencias, a no vincular lo que ya creemos con lo que vemos; obliga a mirar toda una obra de arte, con todas sus relaciones, con todo lo que esas relaciones nos digan, con todo lo que ese discurso sea el que se nos presente y no el que inventemos, y además estamos obligados a no perder de vista las relaciones inteligibles con la imagen, en el caso de la pintura. Quizá por esto ver una pintura sea diferente de leer un libro.

¿Será la reflexión sobre el arte una reflexión burguesa o es incorrecto apodarla así porque eso nos alejaría de pensar, incluso, una función política en el arte? Si podemos mantener la atención sobre una obra de arte, ver qué nos quiere decir, es decir, pensarla y no sobreponerle significados, quizá todos sí puedan acceder al arte. ¿El artista así lo ha planteado? Podría ser que sí, tal vez; tal vez el artista tenga al arte como motivo más importante para preocuparse. ¿Hay un mundo donde los artistas se entienden, donde comen uvas mientras miran recostados las estrellas que, con sólo alzar la mano, pueden tocar? ¿En dicho espacio el artista está vestido sin igual, charla con otros artistas y entre ellos se carcajean de aquellos que no viven en ese lugar? Evidentemente no. El artista también sufre; ve su arte incomprendido, desechado, arrojado como si sólo valiera por el material que lo expone al mundo como un niño en una tempestad. ¿Cómo se sentirá quien ve que lo mejor de sí no es aceptado? Al igual que un hombre llora, se desespera, despedaza sus sueños y esperanzas por una mala mirada. Pero su mente, como la de todo hombre, también funciona, busca soluciones, cambios a sus producciones, maneras diferentes de presentarse y presentar a su niño; también ve imágenes que otros podrían ver. Las personas encontramos sentido en el arte cuando lo miramos con cierta calma, cuando nuestra mirada deja de concentrarse en nada y vuelve al mundo.

Yaddir

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Un comentario en “Productos del arte

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