Secuestro de palabras

Siempre he temido que me plagien alguna línea o párrafo de los que aquí escribo. Aunque me sentiría extrañamente halagado si llego a observar alguna de mis frases en una tesis; más que halago, sería sorpresa e incertidumbre; ¿sería capaz de leer el índice y la introducción del trabajo para saber qué clase de persona me robó el brazo o el cuerpo de mi escrito? Temo que se lean mis textos con un objetivo distinto para el cual fueron pensados; evidentemente no son pensados para cumplir con un compromiso académico, pues quien roba frases sin intentar entenderlas, sólo le interesa cumplir compromisos, sin que lo haga de buena o mala manera. ¿Fracaso de una educación que tiene como núcleo la efectividad de la producción? Es decir, la educación que pone como puerta del jardín del Edén al éxito está fracasando; un jardín siempre soñado, nunca alcanzado.

¿Cuántos nos hemos preguntado qué significa cuando alguien te dice, con todo su sincero aprecio, “ten mucho éxito”? ¿En qué consistirá el éxito?, ¿será un eufemismo para decir “ojalá hagas algo sin mediocridad y eso te proporcione un sustento”?, ¿será más fácil de decir  y de aceptar eso en vez de “el fin justifica los medios”?, es decir ¿importa más hacer algo que garantice una abstracta aprobación que la probidad con la cual se realiza? La finalidad de la educación siempre vuelve al mismo estudiante; sale y regresa, sin importar si se desestiman las ideas de los demás. ¿Qué puede hacer una institución para mostrar que la educación no sólo consiste en calificar, planear premios y dar resultados numéricos? Supongo que lo que siempre hacen: engalanar esos premios o calificaciones con ostentosos discursos señalando por qué quien o quienes los han ganado son un gran ejemplo y una luz para la sociedad.

También pueden existir otros motivos para plagiar, como los que se cuentan de un viejo estudiante de la UAM, un tal Julio Valdivieso. El joven, inseguro, enamorado, listo, pero poco brillante, vio una tesis de un estudiante Uruguayo sobre el grupo de artistas “Los Contemporáneos”. El trabajo le daba forma a las ideas que él había estado pensando y escribiendo en su tesis; ambos adoradores de la buena literatura tenían intuiciones semejantes sobre el grupo, pero el sudamericano las llevaba más lejos. Julio se enteró que su compañero de gustos había sido asesinado y aprovechó para titularse e irse lo antes posible del país con su adorada Nieves (mujer de la que estaba enamorado y con la que partiría del país a un lugar mejor, donde sus recuerdos ingratos no los persiguieran). Pero su amor no justifica su robo, pues se aprovechó del pensamiento de otro para conseguir sus objetivos, para fingir que era más inteligente y labrarse un futuro de donde saldrían los frutos de su éxito. La misma realidad le demostró que se necesita más que éxito para ser feliz.

La educación no promueve la reflexión ni la investigación cuidadosa cuando plagiar es tan fácil como sólo asistir a clases. Repetir viejas ideas, sin darles un nuevo enfoque, mostrar su pertinencia o ahondar en ellas, es lo que se hace y estimula normalmente en una tesis. Algo más tendrán que hacer los guardianes de las instituciones educativas; quizá haya que empezar a modificar el modo en el cual se practican las clases o, más importante aun, los contenidos que se pretenden dar en los egregios recintos académicos. ¿El viejo sistema podrá revertir tanto atropello con las palabras, tanto robo de ideas?

Yaddir

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