Una simple anécdota

Mientras caminaba a la pequeña escuela donde laboro, me encontré con un amigo muy querido. Su nombre es Ambrosio y tenía semanas sin verlo. Me relató un suceso muy sabroso que a continuación contaré. Nos saludamos con mucho cariño y su sonrisa no pudo pasar desapercibida. Manifesté mi curiosidad por aquel gesto, actualmente pocas veces alguien llega a tenerlo. Y fue así que Ambrosio comenzó su historia:

«Sabes cómo les gusta presumir y jactarse a todos esos hijos de Clío. En su palacio desfilan con sus discursos y trabajos, subiéndose en el estrado para poder contemplar su brillantez. Todos se esmeran en presentar rutas nuevas para el mar del pasado, lidiando con sus tempestades y fuerzas, y así poder hallar descubrimientos dignos de Magallanes o Colón. Vislumbramos tierras que estaban ahí, pero que nadie había visto antes. Encontramos culturas, nuevas batallas o hazañas de los personajes del libro del mundo. Todo está escrito, no hay nada nuevo bajo el Sol. Entre nosotros estudiaba uno llamado Inganacio Vera. Cargaba una horrible fama de inventarse versiones, desapegarse de los hechos siempre certeros y andar por conjeturas. Burlonamente le llamaban el Doctor Mentira y todavía era más risible por escribir poemas en sus ratos libres. Hace días despertó la carcajada en un público muy dormido. Acabando una conferencia se levantó de su asiento para hacer una aclaración. Un tanto indignado replicó que su investigación flaqueaba al confiar mucho en una anécdota relatada en público.Señaló que la anécdota era verdadera y falsa, tal hombre sí y no era sincero con su público, aunque… El estallido de las risas no dejaron terminar al pobre diablo. ¡Carajo! El Doctor Mentira ahora viene a hablarnos lo que es cierto y falsoAhora el loco se ha vuelto juez de los hechos. Frustrado se salió del auditorio, habiendo pasado el ridículo. Algo como verdadero y falso: qué disparate. ¡Imagínate qué hombre tan presuntuoso para desconfiar de un testimonio oral! ¡Y dado en público! El Doctor Mentira quiso que todos alabáramos su espíritu irreverente y gran brillantez en pensamientos.»

Mi amigo Ambrosio se recuperaba de la risotada y yo lo miraba con cierta perplejidad. Quisiera relatarlo como lo hizo él, ya que uno disfrutaba escuchándolo. Sin embargo soy torpe, con una memoria muy deficiente y una imaginación árida, entonces estoy diciendo lo que me acuerdo del suceso. Puede que parezca austero y esencial, pero al menos alguno podrá notar el giro cómico para Ambrosio. Y no crean que estoy sesgando la narración por tener alguna intención velada. Siempre soy directo y sincero. En lo que sí hay claridad es el buen momento que pasé. Se hizo patente mi afición placentera por las narraciones, sean breves o extensas, simples anécdotas o novelas del tamaño de una guerra. Bien reza aquel dicho: Estamos hechos de Historia… ¿o historias? ¿Cómo era? Algo así.

Moscas. Esta semana el portal Sin Embargo publica un recuento que hace sentir que vivir en el Estado de México resulta una calamidad. Entre pobreza, inseguridad y endeudamiento, el panorama estatal resulta sombrío. Y eso que ni es Guerrero, Veracruz o Tamaulipas.

II.  Loret de Mola advierte que este sexenio podría terminar con más muertes que el anterior, el cual tildábamos de sangriento. Con sus palabras, la misma guerra contra el narco, menos resultados.

III. La Fundación Teletón pasa por momentos difíciles. En diversos medios —radiofónicos, televisivos e impresos— su presidente ha venido alertándolo. Felicidades Hijos del Averno, junto con los sobrinos feisbuqueros: casi vencen a los discapacitados y enfermos.

 

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