La honesta honestidad

La honesta honestidad

No niego yo –respondió don Quijote– que lo que nos ha sucedido no sea cosa digna de risa, pero no es digna de contarse, que no son todas las personas tan discretas que sepan poner en su punto las cosas.

(Don Quijote de la Mancha, Aventura de los batanes)

Hoy en día en que las brechas del conocimiento por vías de la democracia se han abierto para todos, nos lastima la deshonestidad. El hombre quiere conocer, y ha tiempo –feliz día para todos– que se descubrió que el conocimiento de las acciones del hombre es posible conocerlo para cada hombre dentro de su posibilidad. La honestidad que tanto se busca en estos días ha de ser la posibilidad de ser libres descubriendo la verdad. De la verdad, nos advertía Platón no olvidar, han de ser la bondad y la belleza sus hermanas. Lo más alto a que puede aspirar el hombre es a ser verdadero, bueno y bello en sus acciones. Ser honesto es descubrir la verdad con belleza y bondad, pues no todos los hombres, por su posibilidad, interpretan bien el actuar del hombre; más aún hoy, que se declara ser el hombre un ser malvado

Cuando se declara el hombre un ser malvado, la honestidad ya no tiene cabida en su actuar, es más, se busca descaradamente mostrar toda la argucia posible con que se cuenta para ejercer la maldad. Si en otra época la honestidad era la posibilidad de hacer el bien mostrando la verdad, ¿qué mejor bien se puede hacer hoy que vituperando el mal de los demás y el propio?… Por esto nos lastima la deshonestidad, porque nos imposibilita el sacrificio de nuestra alma a costa de un chivo expiatorio. Hasta al mejor hombre se le pueden encontrar errores, injusticias, ridiculeces en su haber.  Desde que se declaró que el hombre es el lobo del hombre y luego se susurró lascivamente a nuestros oídos que por el apetito sexual se es capaz de cualquier cosa, la honesta honestidad es cosa de caballeros desnutridos de saber.

Saber si en la naturaleza del hombre está actuar bien o mal es una pregunta que se ha de hacer y responder quien quiera ser verdadero hombre. Don Quijote, que en su discurso de la época dorada habla de la honesta honestidad, pone sobre aviso que incluso cuando los hombres eran justos en todo, inclusive ahí era posible actuar mal, por ello, los vestidos de las simples y hermosas zagalejas que andaban de valle en valle y de otero en otero, cubrían honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra, a fin de no causar tentación. También se puede decir que es una muestra de honestidad lo que hace don Quijote a los cabreros y Cervantes a nosotros, que siendo los oyentes del discurso hombres de la edad de hierro, así es lo más justo que se nos cuente a fin de que atendamos a la belleza y bondad que se nos muestra. De igual modo se podrá decir que don Quijote es un gazmoño, temeroso de la verdad que sí importa, y aficionado a la censura.

Por ello hay que responder a la pregunta del bien y el mal, pues si el hombre actúa en todo siguiendo un ideal o ejemplo, la honestidad y la censura han de ayudar a ver claro a qué debe acercarse el hombre en sus acciones diarias que siempre son o públicas o privadas. Cervantes y Platón ya dieron su respuesta mostrándonos acciones de hombres vivos que en todo mostraron prudentemente el bien y con discreción el mal.

Javel

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