La noche de la impostura IV

La noche de la impostura IV

 

Ayotzinapa es, ante todo, el problema de una imposibilidad: la imposibilidad de la justicia. Y como problema está presente en la vida pública al mismo tiempo que su presencia se va olvidando problemáticamente. En tanto se olvida, Ayotzinapa permanecerá en la vida pública como una falsificación constante, como la noche de la impostura.

         La justicia es necesaria tanto en la diferencia como en la unanimidad. En la unanimidad en tanto posibilidad de lo bueno. En la diferencia en tanto posibilidad de la unidad. La imposibilidad de la justicia, en cambio, aumenta la diferencia, pervierte la unidad. La diferencia aumenta en tanto la conciliación no se realiza y la conciliación se posterga en tanto se ahonda el conflicto. Ayotzinapa, en este momento, está en el ahondamiento del conflicto. Las reducciones fáciles de la desaparición de los normalistas a pares como crimen-autoridad, gobierno-pueblo, resistencia-represión, ahondan el conflicto sin contribuir a la comprensión. El par crimen-autoridad, que pretende defender las instituciones, debilita la realidad del crimen y fortalece la idealidad de la autoridad: obnubila la anomia. El par pueblo-gobierno, por su parte, ridiculiza la experiencia del poder y reduce la actividad política a la administración: tan administrables se vuelven los recursos como las indignaciones, las ventajas como las desventajas, las personas como las culpas… sobre todo las culpas. El par resistencia-represión, más allá de la frivolización del poder en que se fundamenta, apuesta a la cancelación de lo político mediante la promoción del Estado Servil. Igualmente peligrosa, en el momento actual, es la exacerbación de la diferencia por la indiferencia. Desentenderse del dolor de los padres, de la indignación por las irregularidades en la investigación, de la conformidad con el silencio criminal de la guerrilla y la izquierda, del oportunismo de los administradores de la inconformidad y del pragmatismo de los místicos de la ganancia es exacerbación de la diferencia por la indiferencia. El olvido negligente de Ayotzinapa nos sorprenderá como un súbito recuerdo que bordea las dificultades –como nos lo recordó el 94-. La indiferencia aumenta la diferencia y la diferencia pone en duda la posibilidad de la unidad.

         La posibilidad de la unidad, por su parte, torna dudosa y peligrosa. Dudosa en tanto se ve lejana desde el Estado fallido. Si el Estado no puede ofrecer justicia, la constitución de sus miembros estará marcada por el conflicto de la diferencia –o por la indiferencia conveniente-. Si el Estado, administrando la desgracia, va postergando la justicia, se trata de un Estado perverso, que desprecia a sus miembros; si no la posterga, en cambio, sino que ni siquiera puede aplicarla, se trata de un Estado fallido, que se conserva por costumbre, por miedo a la desgracia o por la imposibilidad de imaginarnos algo más. Y es ante el Estado fallido, finalmente, que la posibilidad de la unidad torna peligrosa: amenaza la tentación de la violencia. Violencia para reformar el Estado, violencia para devolverle su legitimidad; violencia para sustituir al Estado, violencia para forzarnos a algo más. La gravedad de Ayotzinapa, de la imposibilidad de una respuesta justa al caso, apunta a una forma de violencia no política que no podremos olvidar. Ayotzinapa es una gravedad, pero una gravedad despojada de la gracia.

         La diferencia en aumento, la unidad peligrosa, Ayotzinapa es un problema para nuestra esperanza. Motivos sobran, razones abundan, como si para la esperanza de justicia no hubiera pretexto. Y sin embargo, Ayotzinapa nos desesperanza –y a algunos francamente desespera-. Ayotzinapa todavía nos permite no resignarnos ante el mal, ante el mal que se olvida desencarnando. Para que Ayotzinapa deje abierta la posibilidad de la justicia, Ayotzinapa debe ser nuestro problema, nuestra herida abierta, nuestro problema de la posibilidad de la justicia.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Jesús Silva-Herzog Márquez nos había hecho ver la estupidez en la invitación presidencial a Donald Trump. Javier Sicilia considera que no sólo es estupidez, sino imbecilidad, y que la imbecilidad no sólo caracteriza a los funcionarios federales que invitaron al candidato republicano, sino a la práctica política de nuestros días. 2. Siete años han pasado del incendio de la guardería ABC. La investigación del caso está en una nueva etapa en la que se pretende desligar a los funcionarios y responsabilizar únicamente a los socios de la guardería. Sin embargo, como en otros casos más, la investigación tiene oscuridades. Por eso es interesante el recuento de Katia D’Artigues. Por cierto, ¿cuándo cumplirá su palabra el Lic. (sic) Enrique Peña Nieto y se reunirá con los padres de las víctimas del incendio de la guardería ABC? 3. Hay que leer el panorama de relaciones políticas del consejero jurídico de la Presidencia, Humberto Castillejos, que ha presentado Raymundo Riva Palacio. 4. Una vez más amenazan a Héctor de Mauleón, pero la amenaza también se extiende a Rafael Pérez Gay, Olivia Zerón y Denise Maerker. ¿Dónde están los defensores de la libertad de expresión?

Coletilla. “Leer a Dostoievski nos recuerda que la vida humana es antes que nada diálogo”. Fabio Morábito

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Un comentario en “La noche de la impostura IV

  1. Al leerte, en las veces que puedo, normalmente platico imaginariamente contigo, leo un par de líneas y digo “estoy de acuerdo” leo otras y pienso “eso no la había pensado, es muy preocupante” en otras partes “no le entiendo, cuándo me volví tan flojo para no seguir algunos de los silogismos que haces”, no se´si haya una impostura quinta (suena a albur, seguro lo es), sin embargo creo que algo que agrava el problema es el hecho de que ninguna de las soluciones que solía usar el Estado ahora son inútiles para ellos, no basta con señalar culpables, no basta con encarcelarlos, no basta la asistencia internacional. Si el Estado preguntara “¿qué quieren entonces?” No sé qué se dirá, pero son pocos los que pedirán paz y justicia, pocos tendrán la prudencia y valentía del poeta, sobre todo porque la justicia no es condición de revolución, sino de virtud, y la paz no siempre es el triunfo de la revolución. Hace poco escribiste que no había país, hoy en Milenio Sicilia se resiste a abandonarnos. ¿Existe la patria sin país? ¿o son exactamente lo mismo? ¿ En verdad estamos tan solos?

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