El coliseo de las opiniones

Encender la computadora y abrir el navegador web se hace para entretenerse, buscar información, generar contenidos, hacer negocios y mantenerse en contacto. Si el internauta busca información sobre algún suceso o tema de interés general, encontrará una pesada cantidad de opiniones, reflexiones e historias sobre el tema. El internauta se acoge a alguna versión de los hechos y toma una opinión; si algo se le ocurre, generará su propio contenido. El curioso de las redes sociales sentirá que algo ha aprendido, que en algo ha contribuido, que era su deber hacer aquello (no sabe exactamente qué hizo, vislumbra el cómo, y desconoce totalmente si lo que genera o repite tendrá consecuencias peligrosas). Mientras tanto alguien más añade datos al tema o teclea su opinión. Luego de un breve lapso de tiempo surge un nuevo tema o suceso y las opiniones cambian de rumbo. Todos dicen, pocos saben qué dicen, y aún menos saben la importancia o irrelevancia de lo que dijeron. La red es el laberinto donde fácilmente cae la opinión pública.

A las personas les gusta opinar, siempre lo han hecho, principalmente de asuntos controvertidos y escandalosos; quizá lo hagan por algún impulso natural a demostrar su sabiduría sobre el hombre y sus acciones; tal vez sólo quieran ayudar con su sapiencia; a lo mejor no tienen otra cosa que hacer y opinar les resulta uno de los entretenimientos más agradables que pueden alcanzar; inclusive pueden defender al involucrado o los involucrados en el asunto escandaloso (regularmente es uno para que sea más fácil defenderlo) porque en esa defensa el opinador se defiende. Cuando una mujer comete un acto escandaloso, tan escandaloso que termina en las tendencias, el asunto es reelaborado en forma de ácida broma, se tacha a la mujer de insensata o se le defiende aduciendo que ella es inalienablemente libre. Si la mujer actúa pronto, guiándose por alguna opinión proveniente de alguno de los dos grupos, contentará a un bando y el otro se sentirá derrotado. Pero ¿guiarse por las ocurrencias generales es lo mejor que puede hacer? Tal vez lo mejor sea no hacer pública su decisión, en caso de que sea posible.

En la arena, en el coliseo del internet, se puede encontrar a quien en las orillas del mismo, intente discutir los hechos auténticamente importantes para la vida pública de la comunidad. ¿Cómo encontrar esos hechos relevantes? Distinguiéndolos del entretenimiento. Lo que hace más difícil su distinción es que un hecho importante puede ser usado como mero entretenimiento. El ruido de la arena nos dificulta escuchar las reflexiones de los bordes del coliseo.

Yaddir

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