Sabiduría del desengaño

Sabiduría del desengaño

 

Sabio es el que sabe muchas cosas, pero también lo es el que sabe bien lo que sabe. Además es sabio quien conoce el bien, así como sabio es quien vive bien por lo que sabe. El sabio podría ser feliz por todo lo que sabe, porque sabe bien lo que sabe, por lo que sabe o por lo que su saber le posibilita. Por ello parece extravagante hablar de un sabio infeliz o afirmar la sabiduría de quien se ha suicidado. Sin duda resulta sospechoso afirmar la infelicidad del sabio o la sabiduría del suicida, sin que por ello sea menos digna de duda la sabiduría del desengaño. La extravagancia es mayor cuando afirmo la sabiduría del desengaño en Luis González de Alba. Del conjunto de necrológicas que, desde su suicidio el pasado domingo, se ha publicado, ninguna –bueno, sólo una, pero no en el sentido aquí considerado- lo ha afirmado como sabio, todas lo han erigido como ícono de la libertad, libertad de la vida y el pensamiento. Los íconos, empero, no se proclaman; perduran, prevalecen. No habla pues, aquí, el compañero o el amigo, el que lo conoció o se nutrió con su plática, ni el cofrade intelectual ni el tesonero de la historia; habla el lector, el admirador de sus letras, el coleccionista de sus libros, el que se alegra de no haberlo conocido porque sospecha que en la fascinación se hubiera perdido.

         Mi admiración por Luis González de Alba nunca atendió a su pasado político, sino que desde el principio fue una simpatía por su cursilería (Christopher Domínguez Michael dixit). Agapi mu fue un encuentro feliz de mi adolescencia, un preludio de buena parte de mi experiencia lectora: leer para mí, sabiendo que lo leído permanecerá en mí -delineando mi diálogo silencioso-, con poca esperanza de compartir mi lectura. Agapi mu inauguró un ventanal solitario de mi experiencia, escotilla de la vida, rincón que es un refugio, refugio que no es fuga. Agapi mu también descubrió para mí a Cavafis (Luis diría Kavafis porque siempre será más valiente que yo), sol que alumbra la destrucción. Por mucho tiempo mi lectura de Luis González de Alba fue la meditación constante de la soledad y la destrucción.

         ¿Acaso no vi soledad y destrucción en su primera novela sobre el 68? La lectura de Otros días, otros años me dio la respuesta. Mientras algunos consideran que la novela de 2008 es la historia de amor enmarcada en los días –y años- posteriores al 2 de octubre, la versión rosa del movimiento estudiantil, el amor que recubre a la masacre; yo vi sangre en la segunda novela sobre el 68. El tema principal de Otros días, otros años es la sangre: sangre que denota muerte porque está viva, sangre que denota destrucción porque está activa, sangre que mana soledad, soledad destilada por la enfermedad. La sangre de Otros días, otros años está teñida de VIH, y derramada ante el lienzo del ritual político de la Plaza de las Tres Culturas muestra por vez primera su verdadero color. Magistral e inteligente, Luis González de Alba compuso dos novelas paralelas en torno al movimiento estudiantil de 1968. En la primera, donde una mayoría fanática espera ver muerte y represión, el autor delinea los senderos de la vida y la alegría; el 68 fue efusivo, pero no una efusión de revolución libertaria, sino de vida libre, del deseo que se condensa en el sexo desprejuiciado. Si la Plaza de las Tres Culturas tiene forma de represión, se trata de represión sexual: el mayor mito político de la izquierda mexicana es homofóbico. En la segunda novela, en un contraste extraordinario, la vida exhibe su complejidad y la alegría se precipita en nostalgia. Son los ochentas, el camino de la alegría condujo al callejón del sida y la vida de los sesentas petrificó en el nacionalismo revolucionario. Cumplir la libación anual en Tlatelolco paga el olvido injusto de los enfermos de VIH. Otros días, otros años nos da la posibilidad de ver la sangre por primera vez roja. La sangre roja de estas novelas paralelas no es, empero, el centro de la sabiduría del desengaño.

         En el más bello capítulo de su último libro publicado en vida, Luis González de Alba se pregunta: “¿Cuándo se jodió mi vida?”. En Mi último tequila el lector encuentra el panorama de la respuesta. La vida se jode cuando el amor y la política nos dejan sin amigos. O dicho al modo en que le gusta a los intelectuales: la amistad no sobrevive ni a la política ni al amor. El desengañado, quien perdió el amor y fue derrotado en política, busca en torno la amistad y sólo encuentra a otros: pasados compartidos, tercos recuerdos, proyectos frustrados, el catálogo de lo que pudo ser y el inventario de lo que nunca fue. El desengañado ya no puede encontrar amigos, ya no puede ser feliz, y sólo el sabio sabe por qué; sólo Luis González de Alba pudo responder “¿Cuándo se jodió mi vida?”.

         Yo no me mato hoy porque todavía no sé cuándo se jodió mi vida. Sí sé, en cambio, que mi admirado Luis González de Alba describió un camino posible: conocerse tan radicalmente a uno mismo que al final la extinción deje de ser terrible, que en ocasiones cada intento termina por fracasar, quedando mi corazón –muerto- sin sepultar. El desengañado también acepta que sean otros los felices.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Una desaparición más en Veracruz, pero en esta ocasión ya se encontraron los cuerpos. Evidentemente falta la explicación del caso.  2. Una fosa clandestina más en Morelos. 3. El miércoles 5 de octubre se aprobó en comisiones del Senado una modificación al artículo 123 de la Constitución, a partir de la enmienda podría quedar cancelado el derecho de huelga. ¡Gravísimo! Avanza el Estado Servil. 4. Sin duda es un tipo de violencia de género, además de una censura interesante: el asesinato de una sexoservidora transexual en la Ciudad de México no ha convocado a las buenas conciencias que siempre protestan ante las injusticias. Sorpresivamente, el villano de la prensa militante, Televisa, sí pone atención en el caso.

Coletilla. Juan Villoro, Enrique Krauze, Javier Sicilia, Arnoldo Krauss, Francisco Bolívar Zapata, Mario Lavista, Antonio Lazcano, Hugo Hiriart, Vicente Quirarte, Ruy Pérez Tamayo, Elsa Cross, Hernán Bravo Varela, Luis de Tavira, Diego Enrique Osorno, Sergio González Rodriguez, Roberto Blancarte, Luis Fernando Lara, Miguel León Portilla, José Ramón Cossío, Javier Garciadiego, Claudio Lomnitz y Luis Felipe Rodríguez en un mismo evento gratuito. Aykir.

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