Amistad en pena

Amistad en pena

 

How we break each other’s hearts

and cause each other pain

How we take each other’s love,

without thinking anymore

 

Pensamos a futuro nuestras amistades. Suponemos, las más de las veces, que las amistades envejecen junto con nosotros, que la vida de nuestros amigos transcurre paralela a la “vida” de la amistad. Creemos, para decirlo popularmente, que la vida y la amistad pasan como el tiempo. Y no es de extrañar: el tiempo de los modernos es una constante en que se diluye la vida, un caudaloso cauce en que se pierden los arroyuelos de la amistad. Pero la imagen hidráulica falsea lo mismo el tiempo que la experiencia de la amistad y la vida. No toda vida es un impetuoso transcurrir: hay vidas pausadas y sosegadas, así como débiles y discretas. Algunas vidas, si nos aferráramos a la imaginación hídrica, son inoportunas como charcos o desesperantes como goteras; las hay tan breves y tenues, casi insignificantes, que sólo persisten en la memoria como una mancha de humedad. La amistad, si seguimos insistiendo, podría semejar la vitalidad del agua por festiva, pero en ocasiones también se podría reducir la humedad a las lágrimas por el amigo incomprendido o teñir de nostalgia la llovizna sobre un pasado ya imposible de reverdecer. El agua no es suficiente para contener la amistad y la vida. Hay vidas tan áridas que nos empolvan las palabras, como amistades desérticas que nos dificultan respirar; hay amigos que duelen como un silencio incómodo, vidas que cualquiera quisiera abandonar. Todo esto rebasa la fluida felicidad del agua.

         Tan poca vida [Lumen, 2016] de Hanya Yanagihara [1975] presenta la aridez y el desierto de una vida pequeña en medio de una extensa amistad. Tan poca vida podría ser la novela contemporánea sobre la amistad y la vida. A primera vista, el libro narra las historias de cuatro amigos y presenta el panorama de toda una vida de amistad. El lector encuentra a cuatro jóvenes amigos que, entre ires y venires, conservan la amistad al paso del tiempo. ¿Qué pasa con los amigos de juventud cuando se es adulto? ¿Cómo se conservan las amistades cuando la vida laboral distancia a los amigos y la diferencia de intereses traza caminos distintos? ¿Acaso sobreviven las amistades a la formación de un hogar propio, a la vida en pareja, al amor por esos otros que no son los amigos? Todo eso se responde a lo largo de las mil páginas de la novela. Yanagihara, además, nos presenta a la amistad contemporánea, a la amistad masculina y a los accidentes que confluyen en ella: aquí, el amigo cuya sexualidad es un misterio; ahí, el amigo exitoso; allá, el eterno adolescente que afirma seguir siendo tan amigo como siempre. Bancarrotas, celos, bodas, enfermedades, adicciones, disgustos y malentendidos; todo el espectro de la amistad se delinea en la obra. Pero Tan poca vida es más que eso.

         En una segunda mirada, Tan poca vida es una profunda reflexión sobre el amor homosexual en nuestros días. Yanagihara contrapone claramente el amor concupiscente y el amor casto entre hombres, al tiempo que bordea el abismo de la clandestinidad y el engaño para mostrar el riesgo de la incomprensión. Frente a ello, la autora nos ofrece el más elocuente argumento para fundar un hogar homosexual y, quizá, el más tierno modo en que la comprensión exhibe la falsedad de lo clandestino. Sin consignas, la segunda novela de Hanya Yanagihara hace más por la felicidad gay que muchas marchas. Pero Tan poca vida es más que eso.

         En una tercera mirada, Tan poca vida es la novela del desprecio por la vida: la incapacidad para amar y la intención del suicidio. Más allá de los suicidios clásicos (Werther, Anna Karenina y Kirillov), la intención del suicidio en la obra tiene el tono del suicidio estético (véanse Ryonosuke Akutagawa, Carta a un amigo, 1927 y Clara Guelfenbein, El resto es silencio, 2008), al tiempo que lo emplaza como un modo del arte de vanguardia. O en otros términos: el suicidio es la constante tentación de quien no se satisface con el arte de vivir. No es el camino de quien no encuentra sentido, tampoco es la opción del desadaptado o el recurso final del solitario; sino que el suicidio torna anhelo cuando se reconoce a la propia vida como un terrario, como un desierto artificial perfectamente logrado, admirable, incluso bello, pero imposible de amar. Mientras los suicidios clásicos siguen al amor, la intención del suicidio en Tan poca vida se funda en la incapacidad para amar. Yanagihara nos enseña que la condición posmoderna del desprecio por la vida se funda en la incapacidad para amar. Tan poca vida nos permite entender por qué suicidarnos por nuestros amigos… Pero Tan poca vida es más que eso.

         En una cuarta mirada, Tan poca vida exhibe al poder permeando la debilidad de la vida, a la vida destruida por el poder. La vida, nuestras vidas, se conforma por el poder: el pasado se traza sobre las cicatrices del poder, la memoria se orienta por la imposición del poder, la nostalgia y la alegría son los recuentos de la suerte ante el poder ajeno. La vida es el producto del poder y por ello, precisamente por ello, la vida es el residuo del poder. La amistad, así vista, recuerda la definición nietzscheana de la felicidad: el sentimiento más vivo del poder (Aurora, 113). Por ello, precisamente por ello, son los jóvenes quienes más disfrutan la amistad. Por ello, precisamente por ello, la nostalgia por la amistad es el residuo del poder. Por ello cabe suicidarnos por nuestros amigos. La amistad posmoderna es el ejercicio del poder: a unos produce, a otros destruye… ni al solitario deja tranquilo. Al descubrirnos sometidos al poder ya no podemos mostrar tan poca vida. El poder descubre a la amistad en pena.

 

Námaste Heptákis

 

De vista al horizonte. Ha dicho Yoani Sánchez: “unos lo despiden con dolor, otros con alivio… la gran mayoría con cierto toque de indiferencia”. El futuro es tuyo, Cuba. Todos a seguir 14ymedio.

Escenas del terruño. 1. Hoy se cumplen 26 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Sobre el caso hay que comentar dos cosas. Primero, que el pasado 23 de noviembre un grupo de padres de los desaparecidos fue recibido en comisiones de la Cámara de Diputados. En entrevista radiofónica el abogado de los padres sintetizó que fue una reunión gris, pues para los diputados no es importante resolver el caso. En segundo lugar, destaca la entrevista psicológica a uno de los implicados en la desaparición, entrevista divulgada por Héctor de Mauleón. 2. Ojo con la discusión legislativa sobre las facultades castrenses en el combate a la delicuencia. El reportero José Cárdenas considera que es un autogolpe de Estado. 3. Semana importante para la libertad de prensa en el país. Primero, el gobernador panista de Querétaro, Francisco Domínguez, acusa al periodista Joaquín López-Dóriga de ser la instancia por la que el gobierno filtra información y rumores para desprestigiar a los políticos de oposición. Como es de esperarse, Domínguez acusa sin presentar pruebas. Como es de esperarse, como se trata de Joaquín los políticamente correctos se quedan callados. Ya lo hemos dicho, la indignación es selectiva. Segundo, la revista de chismes TVyNotas dio a conocer que el pasado domingo 13 de noviembre un grupo de cinco personas entró a las instalaciones de Aristegui Noticias y robó una computadora. Al día siguiente, la reconocida periodista que dirige la empresa confirmó el dato y añadió que la computadora contenía información de la Unidad de Investigaciones Especiales. En tercer lugar, el reportero Víctor Hugo Arteaga confirma que fue presionado por funcionarios de alto nivel del gobierno de Javier Duarte para retractarse del reportaje de Animal Político sobre las empresas fantasma del ahora prófugo. Y confirma, como dije entonces, que el gobierno de Veracruz estaba en plena campaña de descalificación del medio. 4. La semana pasada señalé que confluían los intereses de algunos políticos importantes en la propuesta de un gobierno de coalición realizada por Manlio Fabio Beltrones. Esta semana, en un foro del diario El Financiero, se confirmó la versión. 5. El pasado lunes el diario Reforma dio a conocer que por recorte presupuestal el Fondo de Cultura Económica cerrará cuatro de sus librerías. No es sorpresa, sobre todo cuando su director no está ahí por los libros, sino por un capricho presidencial.

Coletilla. Termino con esta entrada una serie de 36 reflexiones sobre la amistad contemporánea, su crisis y su posibilidad, iniciada en enero pasado. Resistí a la tentación de dedicarla a los amigos; yo cargo mis errores, ellos se harán responsables de sus éxitos. Te agradezco, lector, que soportes mis obsesiones.

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