Apuntes breves en torno al arte

Apuntes breves en torno al arte

El problema fundamental en torno al arte es la verdad. No la autenticidad de lo artístico, cuestión que adoba o irrita el juicio de todo crítico romántico del arte. No el genio y el talento, pues eso sólo es algo que juzgamos a partir de la obra o la producción. Nos cuesta trabajo pensar al arte no sólo como modo de producir, sino, sobre todo, como un modo en que las facultades sensitivas y el pensamiento muestran algo sobre el mundo: la mirada y posición del artista, así como el efecto en el que goza de las producciones. Sospecho que por ahí comienza el equívoco laberíntico que se forma cuando discutimos de arte a partir de lo que nos dejó la estética moderna: la autoridad del gusto y la exigencia de la “perfección”.
Eso quiere decir que, ante todo, el arte es algo que está en la obra, en tanto trabajo de un artista. El poeta, por ejemplo, no es como tal un vociferador del sentimiento. Su conocimiento de lo erótico, o de cualquier otra cosa, se ve en el modo en que puede hablar de ello. El arte de cantar y de rimar pueden, por ello, entenderse como muletas que requieren los poetas para consolidar el arte que depende de su palabra, no sólo de su sentimiento. El soneto II de Garcilaso nos enseña en una estrofa a ver, sentir, y entender algo sobre interesante sobre y el amor y el dominio al punto de una crueldad que se expresa en la certidumbre de ser apresado:

En fin a vuestras manos he venido,
do sé que he de morir tan apretado,
que aun aliviar con quejas mi cuidado,
como remedio, me es ya defendido;

El ingenio y dominio de la forma del soneto no es tal sin el sonido de la palabra unida al sentir del poeta. Es el arte de la palabra que entiende lo mejor de la palabra, valga la redundancia. La poesía en prosa, por supuesto, no está excluida, porque la prosa exquisita no deja de ser un arte que requiere tanto conocimiento de la palabra como sabiduría a expresar. Me atrevo a decir que no existen, en realidad, poetas que no sean sabios, en tanto que demuestran que su dominio de la palabra es algo que, bajo regla, va más allá del uso común. El lector enriquece no sólo su vocabulario o conocimiento del español, sino también sobre la desesperación amorosa, gracias a la imaginación y, por supuesto, al sentido.
La posibilidad de que haya distintas opiniones en torno al sentido de lo artístico, así como del significado del arte evidencia que el problema fundamental es la verdad, y no el individuo. El discurso de un artista puede ir acompañado de la defensa de sus convicciones personales por la misma razón. La historia del arte podrá decir lo que quiera en torno al cambio en las formas, y la crítica no pierde su importancia si reconocemos lo que digo.
No estoy seguro de que la pintura sea, por ejemplo, el arte de manipular el color. Porque, por más abstracto que pueda ser, el pintor tenía algo en mente a la hora de producir. No es sólo el discurso que ubica a la pintura como parte de una expresión, es lo que el pintor ve, y que está hasta en la técnica a la que requiere para pintar. Acomoda las figuras y recurre a los colores porque, ante todo, la pintura se trata de la visión, y la visión está orientada a imágenes y colores.
El San Jorge de Rubens nos muestra, ocupando gran parte del cuadro, al santo caballero montado en su caballo, con una mujer acompañada de un cordero que están siendo resguardados a su espalda, y al demonio grotesco siendo sometido con brutalidad; tanto el demonio como el caballero compiten en la dimensión que el pintor otorga a su imagen. La diestra del santo está pendiente y lista para soltar un fiero espadazo: la fuerza en el brazo es apreciable. La majestuosidad del caballo también. La mujer defendida, con ese animal mítico por su pureza, que limpia los pecados del mundo, es la parte más pequeña de la tríada, y está del lado del sector más iluminado del cuadro, pero a la sombra de su defensor. El arte del pintor no sólo está en la magnificencia del trazo o en su manejo del pincel, como en los sonetos el arte no sólo está en rimar, por más que en la métrica esté la clave para su nombre y elaboración. Esos trazos de Rubens están realizados para una escena que trata de aleccionar sobre el pecado. El dragón o la bestia sometida requiere de una fuerza como a que se esconde en el brazo pendiente. No vemos el momento de la muerte del dragón, sino el instante previo a que su cabeza sea cortada, para que veamos la fuerza que está a punto de ser transmitida a la espada, así como el aspecto del dragón antes de ser matado.
La verdad escapa al gusto. Por eso el arte no se divide fácilmente en una parte racional y en otra meramente estética. La técnica de la pintura requiere de la verdad en tanto que la imaginación está orientada a ella. No sólo sabe las proporciones de los cuerpos y de su lienzo, sino que incluso llega a ordenarlos para mostrar algo que él vio para otros ojos. El poeta, que no se dirige a los ojos, no sólo sabe de la combinación armónica de las palabras. Los distingue el sentido y el instrumento: la poesía vive de la palabra. Si no se habla de la verdad, el arte queda en la incomprensión. La mejor manera de mostrar nuestra incomprensión es manifestar que lo artístico se corrobora por el sentimiento que el inspirado produce en nosotros. Es una limitación absurda de la sensibilidad.

Tacitus

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