Manchas

Le había costado ya dos exorcismos y la vida a uno de los sacerdotes que fue a realizarlos. La casa estaba embrujada, más que hechizada por algún rencor del pasado, estaba habitada por un demonio. No cualquier demonio, presumió un elevado título entre los rangos de las fuerzas armadas del Gehena. Lo gritó como se grita una blasfemia antes de salir del recinto en nombre de la Voluntad del Santísimo. Sí, no había duda de que la casa estaba completamente purificada. Es por eso que nadie se explicaba por qué el perro seguía ladrando hacia aquél cuarto vacío en la azotea cada noche.

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