Para ser oída

Las palabras son poderosas, ayudan a sanar, lastiman, invitan a la risa o conmueven hasta el llanto. A veces condenan y otras veces salvan, todo depende del corazón en el que nacen y de los labios de los que brotan; también importan los oídos que las reciben porque si están taponados por el ruido del mundo no captan el sentido real de las palabras que se les dirigen.

Se dice que el que tiene oídos para oír entiende, y si entiende es porque tiene un alma capaz de recibir a la palabra y de vivir pendiente de la misma. Así como pende la salvación del madero, y el madero concentra la presencia del verbo hecho carne en este mundo.

 

Maigo

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