El luchador contra el sistema

El luchador contra el sistema está seguro de que su causa es justa. Él ha visto de cerca alguno de los muchos horrores que ofrece nuestro mundo moderno, y no está dispuesto a seguir con su vida como si no hubiera notado nada. Está convencido de que el cambio es necesario y de que tal cambio depende de él, de quienes son como él, y de quienes pueden serlo por persuasión. Por él mismo se complace de su lucha, por quienes son como él se forma una cofradía y por quienes requieren persuasión sus acciones son protesta e incriminación de indolencia contra todo el que no se ha unido a la campaña. Su fuente es la indignación, su alimento, el placer de hacer lo correcto. Es en el discurso que el luchador contra el sistema suele dar inicio a su acción: cambia de qué modos decirle a qué cosas, sabe en qué discusiones tomar cuál posición y prepara muy bien su semblante para no admitir de nadie que se hable de cierta forma sobre los temas que le son más sensibles. Ahí empieza su acción. Continúa en sus hábitos (que son protesta). Reflejan que ya se ha dado cuenta de cuál es el enemigo contra el que debe luchar. Y es que el luchador contra el sistema está convencido de que la acción es el ejercicio de la fuerza, y de que éste es el único modo congruente de enfrentar el mal. La lucha contra el mal y su expresión valiente muchas veces causan admiración o, en algunos, compasión; pero es también una admisión de extremo. Quien lo admire o compadezca será igualmente enemigo, tanto como el que lo repudia, si no admite también el extremo. El luchador contra el sistema no puede permitirse tibiezas ni posiciones conciliadoras, por dos razones: la primera es su convicción de que es necesario obrar un cambio en el mundo, y la segunda es que el sistema es increíblemente poderoso y por tanto sólo admite que se le afronte con fuerza. El luchador contra el sistema, entonces, no asiente sino al uso necesario de la fuerza. Para él, el mundo es práctica y la práctica es comercio de poder. Entre la protesta contra los otros y el compromiso con el uso de la fuerza desde el extremo, el luchador contra el sistema está en constante escalada cuesta arriba. Su lucha comenzó a un paso de perdida. Por eso él no tiene tiempo para preguntas. Nunca puso en duda, en su justa indignación, ni qué es el sistema, ni qué es la lucha. No tiene tiempo para enfrentar con seriedad que la misma vida moderna fertiliza el campo en que siembra el luchador contra el sistema, y que por eso los medios florecen con el relato de la lucha, los intelectuales lo ensalzan como baluarte del progreso, y los poetas le toman por encarnación de la vida romántica. La única causa del mal que el luchador contra el sistema asume, así como su remedio, es fuerza y necesidad. Su indignación hirvió observando los efectos nocivos de nuestras vidas actuales y permaneció bullendo a ese mismo fuego. En el mundo del comercio el luchador contra el sistema se enfrenta al mundo comerciando. Por eso para él la causa del mal es problema de eficiencia, se señala con protesta, se resuelve con administración y se combate con fuerza.

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9 comentarios en “El luchador contra el sistema

  1. Completamente de acuerdo con lo que escribes. Desafortunadamente son las prisas provocadas por la urgencia de los problemas que parece que se ocasionan con las “injusticias” vistas, al parecer, por el luchador contra el sistema lo que tiene como consecuencia que éste no se detenga a preguntarse por nada más. Para él los supuestos que señalas son incuestionables (que el sistema es el enemigo, que él y los que comparten sus ideas están bien y que la justicia está de su lado, entre otros), y eso es lo que hace que la situación actual de descontento, de violencia, de terror y pánico, sea inevitable. No digo que el sistema no sea enorme ni que sus decisiones y reformas y todo eso sean justas ni mucho menos. El problema, que creo que muestras muy bien con tus palabras, es que el que lucha contra el sistema (que no el opositor al sistema necesariamente) está hecho de lo mismo que los que encabezan concretamente a ese sistema. Tanto las reformas y las alzas en los precios, como la inconformidad ante esas “injusticias” son consecuencias paralelas del mismo modo de pensar (ese que piensa que todo es lucha de poder y choque de fuerzas, así como administración eficiente de los bienes y servicios). Lamentablemente, la urgencia de los problemas ocasionados concretamente por las llamadas “injusticias” del sistema son algo que seguramente nos afectará a todos de alguna manera y quizás haya que tomar posición. ¿se podrá tomar una decisión justa y coherente aparte de la socrática opción por la propia muerte ante la imposibilidad de la filosofía, entendida ésta como ese detenerse a pensar las cosas y a cuestionarlas? ¿o nos veremos obligados a decidir entre la cobardía intelectual de Heidegger y la temeridad revolucionaria y afilosófica de los marxistas? Yo no sé. ¿tú qué piensas?

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  2. ¡Hola, Martinsilenus! Qué bueno verte por aquí. Tus preguntas apuntan a que, siendo la filosofía una clase de «estasis» de pensamiento y cuestionamiento de las cosas, podría llegar un momento en que tengamos que optar entre la propia muerte o alguna de estas dos alternativas: la cobardía intelectual de Heidegger o la temeridad revolucionaria marxista. Lo que no alcanzo a ver es por qué sería así. Por los dos lados del planteamiento hipotético: ¿por qué sería así la filosofía?, y ¿por qué tendríamos que tomar una de estas posiciones?

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  3. Estimado Cantumimbra. Me alegra mucho conversar contigo. Debo decirte, en cuanto a tu respuesta, que aunque por lo que escribo y porque me conoces, en efecto parecería que sostengo que hay que elegir entre esas dos opcioned y ya; pero no es así, y creo que sí me cuidé de no dejar así la cosa. Ambas posturas, con las que ya sabes que yo he simpatizado y también antipatizado, son sólo dos posturas posibles y probables (además de, lamentablemente, las que se han asumido históricamente), pero no son las únicas. Por eso antes de esa última pregunta en que las menciono, pregunto que si habrá otra posibilidad aparte de la socrática de salir de los problemas de manera justa y virtuosa (quizás filosófica). A mi me saltan luego luego esas dos posturas, pero como no estoy de acuerdo con ninguna de las dos, te pregunto honesta y sinceramente ¿cuál otra crees que haya? Un saludo y un abrazo, amigo.

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  4. Bueno, Martinsilenus, es que se me hace que estás asumiendo de entrada que es necesario que pongamos manos a la obra de alguna manera u otra. Hacia eso llevaban mis preguntas. Por ejemplo, dices que quizás seremos obligados a tomar posición. Me gustaría saber cuáles son esas circunstancias de necesidad que imaginas cuando te planteas el problema. Digo, puede ser que no nos veamos «obligados a tomar posición», también, pero en cualquier caso quiero saber si entiendo en qué consiste esa obligación de las circunstancias. Preguntas también por la decisión justa y coherente, pero no estoy convencido de entender con respecto a qué piensas que decidiremos. ¿Te refieres a que es inevitable que tomemos una elección entre formas de ver al mundo, entre formas de interpretar la historia, entre formas de actuar según ciertas convicciones políticas? Si es alguna de ésas o una condición de la misma proporción, me gustaría saber qué hace que sea así, y que es en lo que estás pensando. Uno puede malentender que preguntas por cuál de las tres opciones (socrática, heideggeriana o marxista) es una ideología más conveniente dadas nuestras circunstancias prácticas; pero creo que si calificara de eso tu comentario, luego luego me dirías que sé bien que no te refieres a eso; y sí creo que no te refieres a que sean ideologías, o por decir así, gustos hermenéuticos que nos sienten mejor para nuestros propósitos pragmáticos. Pero si no son tales, ¿qué son? ¡Espero haber sido menos obscuro esta vez, amigo!

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  5. Cantumimbra. Cuando me hablo sobre vernos obligados a tomar posición no me refiero a posición ideológica ni nada semejante; simplemente me refiero a que tanto tú como yo, al igual que todas las personas que vivimos o habitamos en nuestro país, comemos (incluso aunque no lo hagamos por gula), utilizamos (directa o indirectamente) combustibles en los vehículos, utilizamos energía eléctrica (no creo que tu compu funcione sin ella), etcétera.En ese sentido, las motivaciones de la lucha contra el sistema y las llamadas reformas, las alzas de los precios por un lado; así como las consecuencias de los cierres por manifestaciones o la cada vez mayor presencia militar y policiaca en las calles, de alguna manera van influyendo en nuestro modo de disponernos tanto personal como políticamente ante nuestra vida cotidiana (dirían algunos cabe el mundo). Si no quieres pensar que cosas tan básicas nos obligan a tomar posición, por lo menos podrás reconocer que sí influyen en nuestros modos de ser, de vivir y de actuar, y a eso me refiero. En ese sentido, no me refiero a las posiciones socrática, heideggeriana y marxista como opciones a elegir por gusto o por preferencia, sino a tres posibilidades de modo de ser, actuar y vivir en una realidad en la que evidentemente algunas posibilidades concretas y cotidianas de ser, actuar y vivir, se ven amenazadas en alguna medida. Espero haber sido más claro esta vez y conseguir, ahora sí, que me compartas alguna respuesta en vez de más consideraciones respecto de mi pregunta. Si no, con gusto podemos ir adentrándonos en mi pregunta más y más hasta que ya digas algo tú ¿va? Nada más no vayas a abandonar súbitamente la conversación sin haber dicho algo que no sea sólo examinar las formas en que pregunto. Un abrazo, amigo.

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  6. Yo creo que sí es provechoso adentrarnos en tu pregunta cuanto sea necesario para entender qué estás preguntando, Martinsilenus, independientemente de si eso dilata mucho o poco que yo te ofrezca la descripción de un «modo de vida» mejor y más adecuado a nuestras circunstancias que los tres que mencionas. Según lo que parece, tú quieres saber si yo concibo eso: un mejor modo de vida. ¿Mejor que la aspiración a la vida filosófica? No, no lo concibo. ¿Y qué tiene que hacer entonces uno para llevar a la práctica ese modo de vida? Filosofar. Pero no puede ser que eso sea lo que preguntabas, ¿o sí? Primero, porque todo eso ya lo sabes y segundo, porque eso no lleva a nada concreto, y sospecho que tienes un deseo de lo concreto. Si la pregunta fuera qué pienso yo que sea mejor hacer dadas ciertas circunstancias específicas, entonces estaríamos buscando deliberar sobre una cuestión práctica, y para ello valdría que entendiéramos todo lo que se refiere a ella en particular. Ahora, si la pregunta fuera qué discursos hay que abrazar ante el constante uso de la fuerza para simular deliberación pública, la respuesta sería la que sabes que he dado en otras ocasiones: los verdaderos y prudentes. O Marx tiene razón, o la tiene Heidegger, o la tiene alguien más; pero incluso si la sabiduría fuera una ilusión producto de las circunstancias de su tiempo, uno de éstos resultaría el verdadero sabio, y no hacerle caso sería una locura, estemos en las circunstancias que estemos, con o sin gasolinazo, refiriéndonos a «luchadores contra el sistema» que bloquean carreteras o a veganos berlineses preocupados por el maltrato a las focas. No creo que exista «el sistema» contra el que el luchador contra el sistema se pronuncia. Pienso que verlo como tal es una simplificación de muchos problemas que tienen muy diversas causas. Lo que en mi escrito sugiero es que el mercado se beneficia de comerciar con los luchadores contra el sistema y que existe un nicho muy fecundo para ellos que promueve la constancia de estas luchas de fuerzas. También pienso que ante la razón de fuerza mayor, la política languidece hasta marchitarse completamente. Y tal vez también sepas que digo que «modo de vida» es una fórmula ingenua que obscurece más de lo que alumbra: por hablar ahora del modo socrático de vivir, ¿eso quiere decir imitar a Sócrates? ¿Sabemos qué significaría imitarlo? ¿Sabemos si eso es posible o no? ¿Estamos en circunstancias que sean análogas a las suyas? ¿Importa si lo estamos? ¿No es de alguna manera el modo socrático tratar de responder esas preguntas?

    Para responder satisfactoriamente lo que creo que estás preguntando, necesitaría yo conocer bien nuestras circunstancias, de modo que te pueda decir qué creo que sea mejor hacer en ellas; pero no las conozco bien. De hecho, me parecen inusitadamente confusas. El intento por entenderlas, esto es, por entender el poder, su relación con la política, la posibilidad de la palabra, la relación entre necesidad y voluntad, la causa del mal y la causa de la violencia me parece de grandísimos valor y nobleza. Lo que sospecho sobre tu pregunta es que viene de una fuente cínica, a sabiendas o no, que no admite bien que no demuestre ser bien para algo; o sea, que no admite sino beneficio. Disculpa si diciéndolo te adjudico injusta y falsamente el modo de preguntar, pero te leí impaciente y esto es lo que quería corroborar o desmentir con mis preguntas acerca de tu pregunta. Así que, asumiendo que acierto, la respuesta a tus preguntas iniciales es: no. Se puede buscar la verdad, se puede responder al poder con despoder, se puede vivir lo más dignamente que sea posible. Se puede vivir por el bien que no está subordinado a otros bienes. Si eso es la práctica de la muerte de Sócrates, entonces no concibo que sea mejor hacer otra cosa. Si no era eso, bueno, pues ahí lo tienes. Eso, aunque no haya juez que escuche tu defensa cuando quieras declarar que no hay mejor defensa para afrontar los cargos de injusticia que tu propia vida. Sé que eso no te dice qué hacer, no dice cómo vivir, no enseña qué es justo ni qué es digno ni qué es mejor. Pero no puedo decir más que eso porque, desafortunadamente (y no estoy fingiendo modestia, lo digo muy en serio), soy de cortos alcances. De ahí que no creo poder dar mejor consejo que el que toma Aristóteles de Hesíodo: “El mejor de todos es quien contempla todas las cosas, y después, es bueno quien escucha a quien habla bien. Mas quien ni observa por sí mismo ni, escuchando a otro, se lleva al corazón lo que se le dice, éste es un hombre sin ningún valor”.

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  7. PS. Mi querido Martinsilenus, mientras escribía mi respuesta de hoy, en una no tan asombrosa coincidencia, pero divertida de todas maneras, me ofrecieron en una página entrar a este artículo para saber qué puedo hacer para «no cooperar con el sistema»: http://www.pijamasurf.com/2016/03/9-formas-en-que-podriamos-ahora-mismo-dejar-de-cooperar-con-el-sistema/

    Así que si mi respuesta no te deja satisfecho, he aquí otra alternativa (¡y hasta trae citas de Marx y Benjamin!). Abrazos y saludos.

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  8. Hola, Cantumimbra. Yo también creo que es provechoso adentrarnos más y más en mi pregunta, todo lo necesario, para comprenderla bien. Sin embargo, intuyo, aunque sea sólo una suposición, que sí comprendes lo que pregunto, justo por todo lo que dices, y más porque en tu comentario más reciente, por fin dices algo de lo que yo esperaba que dijeras. Digamos que lo que dices ahora me ayuda a entender mejor lo que decías en tu escrito original (y no alcanzo a notar en qué momento nos centramos más en mi preguntar que en tu escribir, pero eso ya es otra cosa).
    En efecto, mis comentarios, desde el primero hasta el último, iban dirigidos a que me dijeras cuál es el que te parece el mejor modo de vida. entiendo que dices el filosófico, pero eso es muy vago. Yo también puedo responder eso, si por eso me refiero a examinar cotidiana y constantemente mi propia persona, así como el mundo que forma parte de mi al estar en relación conmigo, mis acciones, y las situaciones en que me veo envuelto o influyen en mi de una o de otra manera; todo ello procurando una orientación lo más virtuosa posible, es decir, benéfica para con la propia esencia de lo que soy. Eso o algo parecido. Pero no deja de ser vago acerca de qué haces tú por ejemplo, con los aspectos de tu vida que no parecen tan filosóficos. ¿En vez de comer sólo te preguntas por qué es eso de comer y eso que elijas comer en cada caso? ¿En vez de pagar el transporte público o la gasolina de tu automóvil, sólo te preguntas qué es el combustible, qué las monedas con que pagas o en qué es semejante el chofer a ti? Yo realmente lo dudo. Yo creo que sí comes, si pagas tu transporte o tu combustible y otros ejemplos más; y el que lo hagas no le resta filosofía a tu modo de ser, además de que no le resta importancia al preguntar filosófico al respecto. El hombre es al mismo tiempo en lo concreto, que es donde actúa, y en la reflexión (lo cuál también es algún tipo de praxis quizás). Lo que quería saber desde el principio es qué haces tú cuando tienes menos dinero para tus necesidades. eso es todo. Yo, por mi parte, por lo pronto, ni me manifiesto en contra de nadie ni a favor de nadie; me interesa más comprender la situación quizás mal llamada política de nuestro país que hace que sea así. He llegado a algunas respuestas aparentes que desafortunadamente para algunas de mis simpatías teóricas me hacen ver lo inútil de muchas de las posibles respuestas que veo que se proponen en lo social. En cuanto a las tres opciones mencionadas, olvídalo. No era una pregunta por los discursos que más te convencen ni nada, y veo que por allí lo tomas. Sólo eran ejemplos posibles. Sé que los tres, pero principalmente el socrático, no necesariamente implican lo que se nos dice que pasó con los individuos involucrados: el socrático no implica salir buscando que te obliguen a beber la cicuta, como el heideggeriano no significa volverte nazi y clamar por el Führer. Creo que te burlas de mi. Ya no importa.
    Mis preocupaciones no tienen que ver con el gasolinazo ni con los saqueos ni con la reformas estructurales o la sucesión presidencial de los Estados Unidos de América; mis preocupaciones tienen que ver con que tal parece que nos vamos quedando sin alternativas prácticas que nos permitan optar por la buena vida filosofando. Máxime cuando, créeme, la conversación que hemos estado teniendo tú y yo en estos comentarios, es de las más filosóficas que he tenido en un buen rato, lo cual por cierto me alegra. me doy cuenta de que aún tengo con quien intentar filosofar, aunque también sé que por mis modos de ser de antaño, ya tengo demasiada fama y podría estar durmiendo (como dice el dicho), sin que se me tome en serio. No me quejo por eso, pues sé todo el contexto que rodea mis acostumbrados comentarios a los escritos de este blog, pero intento ahora hablar en serio. Por fortuna, y pese a todo, me has respondido en tu último comentario (si fue satisfactoriamente o no, no interesa, pues esos adverbios ya no me gustan). El link que me pusiste, la verdad no lo leí porque yo quiero saber lo que tú piensas, no lo que otros piensan, pues no estoy buscando a quién imitar, ni que me digan qué es bueno o qué es mejor, ni nada parecido. Te pido que no me subestimes, aunque sé que antes lo pedí a gritos muchas veces con mis comentarios. Lo que yo busco ahora es saber qué piensa mi amigo al respecto. Nada más. nada menos. Un abrazo.

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  9. ¡Martinsilenus! Lamento que te hayas sentido subestimado con mi respuesta, no era ése su camino. De que algunas cosas las dije de juego, lo hice, pero pensando que ambos estábamos en la broma, nunca pensando que era a tu costa. Perdóname, pues, por haber errado el tacto. Hablando entonces bien en serio, te dije lo que pienso, si acaso con un par de chistes por ahí. Quería saber más sobre tu pregunta porque tengo dificultades para aclararme a mí mismo qué es lo que no me cuadra del modo en que preguntas. Cuando la exploro, me ayuda a, por ejemplo, darme cuenta de que estás suponiendo que el bien es siempre efectivo y que por tanto se le halla en los efectos. Y cuando una cosa como ésa se sospecha; es decir, cuando uno cree que su interlocutor está preguntando desde un juicio que no comparte, es importante saber bien de qué se trata antes de hablar de él, porque puede ser que uno acabe acusando de prejuicios inexistentes al otro, y no quería irme por ahí.

    En esta última respuesta tuya pareces dividir el mundo en lo que se piensa y lo que se hace, y parece ser necesario un esfuerzo extra por coordinar ambas realidades que, naturalmente, no están coordinadas. Ambos supuestos me parecen increíbles. Yo no pienso que vivir filosóficamente sea esa «estasis» que te mencioné en mi primera respuesta, porque somos seres de expresión, hacemos cuando decimos y hacemos cuando pensamos. El esfuerzo por entender y el cuidado de hacer bien no son dos partes independientes de la actividad humana, son la misma constancia de la vida que aspira al bien. Las condiciones de nuestro país en particular y de nuestro mundo en general no sólo son poco propicias para tal aspiración, la menoscaban; pero eso no obliga a tomar otra postura. Vaya, esta condición tan triste del mundo no desmiente el valor de la vida filosófica. De ahí que tantas veces haya tratado de exponer cómo la imitación inconsciente del mercado en todos los aspectos de nuestras vidas nos pone en peligro de disminuirnos y de atrofiar nuestra imaginación, y de insensibilizarnos a los demás y de tantas otras cosas que es importante resaltar. Es importante decirlo y decirlo bien. Y la razón, como te decía, es que existe el bien que no es bien para algo más. La virtud es buena por sí misma, la sabiduría es buena por sí misma. Cuando no «te ayudan» a salir de aprietos, no quiere decir que sean falsas, porque sus bondades no están en sus efectos. Y concretamente, lo que yo hago lo he hecho desde hace ocho años escribiendo aquí, Martinsilenus. Tratar de entender las cosas que te dije en mi respuesta anterior y expresarlas lo mejor que pueda, y propiciar conversaciones como ésta que estamos teniendo tú y yo, son acciones que, según yo, tienen mucho valor. También me esfuerzo por aprender de lo que se dice aquí, de lo que no digo yo, para entender el mundo convulso en el que vivimos. Mi aspiración, pues, no es a desprenderme de mis posesiones materiales y resistir los movimientos mundanos de la civilización, modo en el que concibo que fuera incongruente pagar mi pasaje con dinero y comer fritangas. Hacer esas cosas no desmerece el ejercicio filosófico. ¿O cómo lo ves tú?

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