Un capricho de felicidad

Un capricho de felicidad

 

Leía a San Agustín comentando a Cicerón y caí en la cuenta: el término latino beatus no debería traducirse por felicidad, pues ya el latín tiene felicitas para ello. Igualmente inadecuado sería traducir beatus por santo, pues la santidad romana es piedad familiar y la cristiana reconfiguración interior (ya algo de esto ha explorado Arnaldo Momigliano en Religion in Athens, Rome, and Jerusalem in the First Century B.C.). Y más inadecuado parece, todavía, trasladarlo a bienaventurado, que nos cerraría a la posibilidad de pensar en la otra vida. Beatus, como juicio moral de una vida, se parece a la felicidad, pero en algo se distingue de ella.

Etimológicamente, beatus es la forma supino (infinitivo de fin) de beo que nombra el tener propiedades, ser reconocido por lo que se tiene y, por ende, ser “feliz”. Beo, por su parte, proviene de la raíz indoeuropea *dweos, que los manuales suelen referir como “felicidad”. Felicidad, por su parte, comparte raíz con feto y fecundidad, por lo cual no nombra propiedades, sino producciones: la mujer con muchos hijos es fecunda; Odiseo es fecundo en pretextos. La forma antigua de la raíz *dweos es *dwejos y no es muy seguro su significado, aunque produjo en griego el término deinós, el término para lo terrible aterrador, la antesala al abismo de la tragedia. ¿Beatus y deinós provienen de la misma raíz? ¿Cómo puede ser posible? ¿Qué podría significar eso?

Se dice que el equivalente griego de beatus es eudaimonía, compuesto del prefijo eu que califica lo bueno y daimon, la divinidad intermedia entre los mortales y los dioses. La eudaimonía, empero, no nos libra de preocupaciones, pues daimon proviene de la raíz indoeuropea *dwey, que a su vez comparte el origen con la forma antigua *dwejos: *dwe, que produce en sánscrito la palabra sagrada para la maldición. ¿La eudaimonía y la maldición se reúnen en una misma raíz? ¿Qué podemos pensar a partir del hecho de que la raíz común de beatus y eudaimonía, que tradicionalmente se traducen por felicidad, están relacionados con lo terrible y la maldición?

Creo haber encontrado un camino. La raíz indoeuropea *dwe produce en armenio antiguo erkn, que nombra la labor de parto. Cuando en la labor de parto se alumbra la bendición de la vida se la nombra beatus; cuando la labor de parto se oscurece en la maldición de la muerte se la nombra deinós. Lo beatus nunca estará separado de lo deinós; su posibilidad es mutua, su inherencia práctica es evidente. Categorialmente puede decirse que beatus nombra un estado; felicitas una situación. Quizá cuando se reflexiona que la felicidad puede desembocar en lo terrible se comienza a considerar la necesidad de perseverar en la beatitud.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. ¿Tucídides para pensar nuestro actual conflicto? Así lo propuse el pasado sábado en este blog, así nos lo propuso el domingo Julio Hubard en Milenio. A leer a Tucídides, pues. 2. Quizá se trata de la columna de opinión más heterodoxa de toda la semana. Quizás es la mezquindad intelectual por lo que no se le reconoce. Pero el pasado lunes, Sergio Sarmiento se preguntó: ¿cuándo se jodió México? Su respuesta: el 5 de febrero de 1917. Creo que antes de él, nadie lo había dicho tan claro. 3. ¿Acaso cabe en la cabeza de alguien mandar a los marinos a asesinar a dos capos y propiciar la ruptura en un cártel, mediante una emboscada, para mostrar que México sí sabe qué hacer con los bad hombres? 4. El secretario de Movilidad del Gobierno del Estado de México puso dos propuestas sobre la mesa en la más reciente reunión con los dueños de las rutas del transporte público: o aceptan dos pesos de aumento al pasaje a partir del lunes 13 y no vuelven a pedir un aumento en años, o esperan al siguiente aumento a la gasolina para aumentar cuatro pesos, pero asumiendo ellos el costo político (pues no sería un aumento “oficial”). Los concesionarios aceptaron la primera. Los operarios quedaron entre dos fuegos. 5. No es broma, por desgracia el señor presidente lo dijo en serio: “El cadete que se desmayó, cayó con honor al no meter las manos”. Ahora entendemos lo que es un gobierno honorable.

Coletilla. “Somos yunkies de los megabytes”. Valeria Luiselli