Noche Tibia

Sus pupilas se dilataron al instante. Ambos eran el uno para el otro, y a su vez eran dos completos desconocidos en una fiesta sin reglas. Él se acercó sin quitarle la vista de encima, recorriendo suave y discretamente el bien delineado cuerpo que se escondía debajo de un atrevido vestido de noche negro. Ella, disimuló la mirada a la vez que una sonrisa le indicaba al galán que no se detuviera sin importar que algún comensal los descubriera. Ninguno de los dos dijo nada, simplemente dejaron que sus cuerpos extraños se fundieran en el más familiar de los abrazos. La respiración se agitó, cada uno perdido en la mirada del otro se entregaron en un beso profundo, auténtico y fogoso, de esos que los dioses envidian cuando los ven. El mundo desapareció para los amantes, y sin importar que se encontraban en una reunión de alta alcurnia, dejaron que la naturaleza los guiara por los caminos prohibidos del pecado. Las caricias fueron celestiales, los besos deliciosos. El encuentro fue un sueño del que nadie hubiera querido despertar; sin embargo, ella lo hizo.