Redes sociales

Maravillado queda todo aquel que no se relacione con las redes sociales como lo hace quien encuentra ahí la cura para la soledad, de que atrapen tan fácilmente dichos espacios. Su red se extiende a casi todos los países; y seguramente sería en todos, si en algunos, sea por motivos climáticos o políticos, permitieran el acceso a las redes. En casi todos los países caemos como moscas, sin temor a ser devorados, regodeándonos en un mundo regido por bits, patrones, algoritmos, lenguajes de programación, etc. Pero no resulta tan difícil saber en qué consiste el complejo embrujo binario: todo se reduce a ver al hombre como sujeto.

El hombre parece que se está configurando, que se está armando, mediante las herramientas que le ofrecen las plataformas sociales. El producto de su barrida sobre sí mismo que le es solicitada para pertenecer al clan cibernético, y quizá ese sea el mayor reto de autognosis al que se enfrente, es su perfil. Pero el perfil es insuficiente sin amigos, pues todo hombre por naturaleza desea relacionarse. Como duda de lo que él mismo es, para encontrar su yo, para que los demás le digan quién es, recurre a crear una serie de comentarios y a subir una cantidad indeterminada de fotografías (siempre en incremento). Más indeterminado que saber qué quiere decir con lo que escribe en textos que regularmente no rebasan los 300 caracteres son los famosos “me gusta”, “me encanta”, “me enoja”, etc. ¿Cómo debe reaccionarse en una red en la que la mayoría de nuestros movimientos son manipulados por nosotros mismos cuando se lee que han muerto decenas de personas en un ataque terrorista en una tierra de la que ni siquiera sabemos su ubicación?, ¿nos debemos enojar contra el terrorismo porque somos occidentales y somos el principal blanco del terrorismo, aunque el ataque no haya sido a territorio occidental y ni siquiera sepamos por que fue realizado?, ¿no resulta insuficiente picar un botón y decir que nos enojamos cuando segundos después nos reímos con el vídeo que expone a una persona haciendo un acto vergonzoso y somos los más altaneros jueces de la “lady” o el “lord”? Parece que reaccionar ante lo que aparece en Facebook o en alguna otra red social es un acto no ya aparente, sino totalmente falso. ¿No harán falta botones que expliquen nuestras emociones más privadas ante las más atrevidas fotos, nuestras pasiones más contradictorias, nuestros odios más disfrazados, para siquiera dar una idea de lo que nos provocan los sucesos que vemos en redes?

No afirmo que los usuarios de las redes sociales sean personas que quieran engañar a los demás, manipulándolos para vean sólo lo que ellos quieren mostrar y así presentar una falsa idea de sí mismos; lo que quiero señalar es que las redes sociales nos pueden llevar a simplificarnos a nosotros mismos, a creer que lo que ahí ponemos es lo que realmente somos, a aceptar que seremos lo que queremos ser y no lo que podemos ser, a creer que el mundo es lo que queremos ver. Aunque si aceptamos que el hombre puede ser lo que él quiera, que el hombre puede controlar totalmente su futuro, parece que Facebook puede cumplir ese sueño.

Yaddir

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