Fulgor

Me desperté con esa sensación que se cuece en el estómago de los que no han comido en días nada más que alcohol puro. Sin embargo, yo no he bebido, no desde la última vez que desperté sintiéndome así. Es una situación preocupante, y sospecho que si una persona cualquiera la sintiera en su vida cotidiana, el ansia lo sacaría de sus cabales y lo volvería loco. El cigarro apacigua la necesidad, la atonta, la aletarga, pero no es suficiente, nunca es suficiente. No se le puede dar atole con el dedo a la necesidad, lo tengo todo planeado, nada podrá detenerme, ni siquiera el incontrolable temblor que se ha apoderado de mis manos. Hoy iré, esta vez espero no salir vivo de allí, pero valdrá al pena, veré arder ante mis ojos la biblioteca de la ciudad.

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