De la propia crueldad

De la propia crueldad

 

Al final del capítulo central de El hombre sin cabeza [Anagrama, 2009], Sergio González Rodríguez [1950-2017] se presenta: “Llevo en mi cuerpo cicatrices y prótesis en el codo, en el antebrazo y en el tobillo hasta la rodilla producto de operaciones quirúrgicas por golpes, fracturas y caídas. También otra cicatriz en la cabeza por una trepanación curativa. Y tengo prótesis en otro brazo, ante los ojos y en el oído. Soy lo que se llama una persona normal”. El capítulo indaga los motivos de la mutilación criminal, la desacralización del cuerpo, la nostalgia de lo salvaje. Las heridas del autor se equiparan con las torturas rituales, los despliegues del poder, las marcas de la crueldad. Y si todo ello inquieta, inquieta mucho más la conclusión: “soy lo que se llama una persona normal”. Para cualquiera esa es la crueldad del autor consigo mismo; para mí, es la presentación más completa que, en sus textos, hizo de sí mismo Sergio González Rodríguez. La crueldad está en no entenderlo.

         Se es injusto con la obra de Sergio González Rodríguez si se sitúa en su centro a la violencia, aun cuando a primera vista sea su tema explícito. Sí, él fue el primero en llamar la atención sobre las muertas de Juárez, el primero en hacer tema de reflexión pública las decapitaciones –del narco y del terrorismo-, el primero en señalar la planificación intrincada en la guerra contra el narco y también fue el primero –por desgracia tan desdeñado- en articular una respuesta coherente al olvidado “¿por qué?” colectivo tras la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Pero llamar la atención, reflexionar, señalar y articular la violencia fue sólo una labor preparatoria de su verdadera obra. La violencia no necesita de alguien que llame la atención sobre ella: llama la atención porque es violenta; aunque no estemos nunca tan seguros de qué es lo que de ella nos atrae. Reflexionar públicamente sobre la violencia no es, tampoco, inusual: el presidente Peña cree que la crisis de violencia está en nuestras mentes, el expresidente Calderón cree que la violencia es exclusiva de los criminales… Y no es suficiente señalar que reflexionamos sobre ella porque nos llama la atención; el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad nos dio la lección insuperable sobre esa insuficiencia. Señalar la violencia, ahora lo sabemos, es frecuentemente infecundo: dónde nuestros conteos de ejecutados, qué de los listados de desaparecidos, para qué nuestras efemérides de la barbarie… De igual modo, la articulación no agota la obra de González Rodríguez, pues en estos años de guerra civil hemos visto que se articula a gusto, zurciendo a un lado para incriminar al presidente, remendando del otro para inculpar al opositor, como si a nadie irritaran las costuras del trapo viejo que llamamos patria. La violencia, insisto, no es el centro de la obra de Sergio González Rodríguez.

         Creo que leeremos correctamente la obra de Sergio González Rodríguez cuando la lectura nos permita reconocer el papel fundamental de la técnica en la normalización de la violencia. La violencia se visibiliza cuando se fractura la normalidad, pero a la fractura hacemos frente con la intervención técnica: la violencia se normaliza. La violencia normalizada es invisible hasta que el desarrollo de la técnica impone una nueva fractura: normalizamos la violencia planificándola. Sergio develó la técnica de programación de la violencia. No nos confundamos, pues la estrategia bélica es agónica, mientras que la estrategia tecnológica es totalizante, ya que subsume la diferencia a la totalidad normalizada y emplaza la agonía a la posibilidad planificable. Los mecanismos para disminuir los feminicidios producen herramientas de exterminio y desaparición más sutiles, cual se refleja en la estadística de mujeres asesinadas; la autorregulación mediática de difusión de imágenes de la violencia del narco produce tanto la disolución de cadáveres en ácido como –en un futuro ya previsto en la obra teatral Antígona [Tierra Adentro, 2016] de Sayuri Navarro [San Luis Potosí, 1991]- la exhibición tumultuaria de cuerpos lacerados en el elegante Paseo de la Reforma; la planificación oficial del combate al narcotráfico convierte al territorio nacional en un campo de guerra y a la población en inevitables –y necesarias- “bajas colaterales”, y las “bajas colaterales” pueden ser utilizadas para políticas públicas de control a fin de “que no vuelvan a desaparecer 43 personas”. La normalización de la violencia es una sustitución técnica. La técnica hace a la violencia administrable.

         Al final de aquel capítulo de El hombre sin cabeza, Sergio González Rodríguez hizo la más completa presentación de sí mismo: fue una persona normal por la sustitución técnica de la mutilación violenta. González Rodríguez vio, quizá como nadie más, que no se puede ser simplemente espectador de la violencia o teórico o estudioso o crítico… Sergio nos enseñó que la violencia nos ha transformado, nos ha hecho normales, y que nada comienza a comprenderse de la violencia si no comprende uno el costo de la tranquilidad de lo normal. Pensar lo que de uno ha hecho la violencia no es en modo alguno ser cruel con uno mismo, sino reconocer la crueldad en uno mismo. ¿Acaso es cruel decirlo?

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Hay que agradecer a Sara Sefchovich que señale públicamente un problema grave, muy grave, en la distribución de recursos destinados a la cultura. ¿Dónde está el periodista que investigará esto? 2. Como regia tradición europea, lea el lector la saga del poder mexiquense en la historia de Alfredo III.  3. El gobernador priista del Estado de México se autorizó, por decreto, regalar dinero durante el periodo electoral. 4. El pasado martes, en La Jornada, el Comité de Salud Pública de la hermana República Socialista de Coyoacán, agrupado bajo el mote de Observatorio Ciudadano de Coyoacán, denunció el “servilismo” del canciller-aprendiz y defendió la dictadura venezolana. Búsquese la carta de esos defensores de la dictadura que, ¡ay!, son entusiastas bastoneras de Morena. 5. Que RT es un medio de propaganda no es ninguna novedad, sí lo es que esa propaganda busque influir en la elección de 2018.

Coletilla. Murió el cultísimo Juan Miguel de Mora, el traductor del Rig Veda, los Upanishads, el  Ayurveda y El último lance de Rama. Por años el doctor de Mora promovió el estudio del sánscrito y de la cultura clásica india en nuestro país. Descanse en paz.

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