Desalentado

Anoche llegó un hombre a la cantina, pidió un par de cervezas y después nos contó el extraño día que había tenido. Resulta que tuvo la suerte (o la mala suerte) de despertar dentro del ojo de un tornado que se había formado al rededor de su casa. Se dio cuenta de que la muerte le rondaba, por el zumbido inmenso, de hecho, dice que fue eso lo que lo despertó, y cuando salió de su hogar, fueron las ropas vacías de sus vecinos, las que, al pasar volando le informaron de su situación. Dijo, con mucho orgullo de su rápido actuar, que lo único que se le ocurrió fue correr, tuvo la esperanza de seguir el paso a la ola de destrucción que lo rodeaba. Continuó corriendo durante dos horas sin descansar, viendo cómo se destruía su pueblo natal y sus vecinos eran licuados en pleno aire. Al final, solo quedó él rodeado por un montón de escombros, trozos de madera, carne, la sangre y el dinero de todo el pueblo revueltos por igual.

Progreso

No todos los días te encuentras un Rolex en el metrobús, es por eso que cuando lo vi, allí tirado debajo del asiento de enfrente, solo pude pensar en fingir que me abrochaba mi agujeta para reclamarlo como mío. Muy discretamente lo puse en mi bolsa del pantalón, no vaya a ser que se de cuenta el dueño y me llame ladrón, y eso sí que no. No soy un ratero, simplemente tengo suerte, prueba de ello es que el reló que acabo de encontrar, llegó sano y salvo a mi hogar. Ahora, después de venderlo, me compraré un coche para no tener que volver a viajar en el metrobús jamás.