Presentes

Algo tiene el fuego, ¿sabes? No me deja apartar la mirada de su manso baile. No importa dónde lo encuentre, siempre termino hipnotizado. Alegra la vista y encandila el alma. Es por eso que lo quiero ver todo el tiempo, pero no achicado pusilánime y domesticado sentado sobre la silla de ruedas que llaman encendedor. No, así no me causa más que ansias, me desespera y me acongoja. A mí me gusta verlo rugir, quebrar a su antojo carne y madera por igual, sonrojar al hierro y destrozar las verdes faldas de la madre naturaleza como un amante desconsiderado. No importa dónde esté, ¡quiero verlo todo el tiempo!

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