Gratitud interna

Gratitud interna

 

No recordamos a los muertos en general, sino a los difuntos en particular. Porque son los difuntos, no los muertos, a quienes echamos en falta, a quienes extrañamos, por quienes nos sentimos en disfunción. Sólo los difuntos, no los muertos, pueden ser nuestros muertos. Y recordamos a nuestros muertos a veces por homenaje, a veces por gratitud, a veces por lealtad; siempre, en cambio, porque el recuerdo se impone en eso que la gente llama “la vida interior”. No hay recuerdo exterior, así como no hay difunto ajeno. Sólo hay olvido interno, así como hay quien ve cadáveres en vez de muertos. Nuestros muertos, los difuntos del recuerdo, habitan nuestro interior. ¿Eso del interior es algo más que una metáfora?

         En un primer acercamiento, parece que quien habla de la vida interior parte por necesidad de un dualismo: supone la existencia del cuerpo, hipostasia algo contrario al cuerpo y deduce la necesidad de un interior. La falsedad del procedimiento, empero, se exhibe cuando se considera que todo parte de un supuesto tan popular como falso: el cuerpo existe. En un segundo acercamiento, parece que quien habla de la vida interior parte por necesidad de un supuesto: el ser no está a la vista, por lo que se supone interior todo aquello que tarde o temprano se expresa, expresa o se niega a expresarse. Quien así piensa, lo mismo puede suponer que existe el subconsciente, que la naturaleza ama ocultarse o que el ser se ha retirado. No es sencillo demostrar la falsedad del supuesto, pues requeriría de toda una fundamentación metafísica (Ya realizada, por cierto, en la Metafísica de la expresión de Eduardo Nicol). El acercamiento más cuidadoso a eso que la gente llama “la vida interior” lo aprendí de uno de mis muertos.

         Hace ya diez años que murió la filósofa mexicana Luz María Álvarez Argüelles. En su obra principal, Ética y dialéctica [UNAM, 2007], la doctora Álvarez Argüelles ofrece la siguiente caracterización de la vida interior: “las más de las veces nos hacemos a través de nuestras reflexiones, de nuestros recuerdos, de nuestras vivencias o experiencias afectivas. Pienso que así ocurre en efecto y que la vida humana transcurre en la oscilación entre el hacer pragmático y las acciones íntimas que, a veces, se plasman en conductas observables y otras no se hacen manifiestas ante los ojos de quienes nos rodean, pero esto último no cancela ni su existencia ni su relevancia”. El ser, que está a la vista, sólo nos es cognoscible en tanto hay introspección; nuestra vida interior es en tanto hay introspección; la introspección es el modo humano en que se articula la dialéctica del ser. Somos entes tan individuales como comunitarios y la posibilidad de saberlo radica en la introspección. Somos entes tan libres como sometidos a la necesidad y la posibilidad de descubrirlo radica en la introspección. Somos entes temporales que tienden a la eternidad del Bien en tanto somos introspectivos. La introspección, el gnothi seautón de Sócrates, describe las fronteras de eso a lo que nombramos yo, de eso de lo que sabemos interior y de eso de lo que sabemos exterior. La introspección es la expresión interna del movimiento externo que la gente llama vida interior. La introspección es la semilla del diálogo.

         Quizá, sólo el introspectivo puede tener buena memoria, pues sólo él puede cartografiar los confines del alma que nunca encontró Heráclito. Quizá, sólo al introspectivo se le impone el recuerdo de los difuntos, pues sólo en la introspección reconocemos la fisonomía de las sombras que pueblan el interior. Quizá, sólo es posible para el introspectivo expresar la gratitud por nuestros muertos: sólo en él viven, sólo por él permanecen, sólo él no está solo. La única gratitud es el diálogo.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Pudo ser por el aniversario, o porque no hay ni tantito sentido de justicia, pero un tribunal sonorense redujo la sentencia a los implicados en el incendio de la guardería ABC, el caso más indignante de la negligencia y desidia mexicanas. 2. “Que junio sea un mes de agitación” es la declaración conjunta de grupos de extremismo político. 3. Mauricio Meschoulam explica las tensiones en el reacomodo medioriental en función de la confrontación de Arabia Saudita y Qatar. 4. “Cuando se acusan fraudes de mentiritas, se vuelve más difícil impugnar lo que de verdad importa”, sentencia Javier Aparicio, quien en redes ha demostrado la falsedad de los rumores virales del “fraude” en la elección del Estado de México. 5. Julio Hubard nos explica la diferencia entre la ciudadanía al modo de los romanos y la ciudadanía al modo de los griegos; explicación necesaria en nuestra crispación. 6. Ayer falleció Sam Panopoulos, quien modificó para siempre la cultura occidental: creó la pizza hawaiana.

Coletilla. Tras la elección del pasado domingo, el historiador Enrique Krauze ha señalado: “Mi postura para el 2018: No al corrupto PRI. No al mesiánico MORENA. No al inepto PAN. Sí a una izquierda ciudadana, liberal e independiente”. Y ya se molestaron los corruptos priistas del PRI, PRD y MORENA, los apóstoles del Mesías Tropical, los ineptos panistas y la izquierda partidista, conservadora y filistea. Guárdese registro.

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