El hilo rojo

El hilo rojo

Se han soltado, pero antes, cada uno rasguñó el corazón de su amado.

Egoísmo puro: se procuran un hilillo de sangre desde el corazón del otro,

cordón umbilical para nunca alejarse.

Nadie es tan valiente en el amor.

 

Ese hilo de viscosa complicidad hiriente lo besan, lo jalan, lo acarician

con la ternura que da el meñique, que da el rencor de estar lejos.

Esperan que el otro sienta el recado, el recuerdo de su voz.

¡Ay, marionetas de sí mismos! Se acercan. El hilo se tensa. La herida arde fresca.

 

Sonríen en la obscuridad, se tientan, se besan, se rompe el acuerdo

de pasiva agresión. Se matan, se buscan. ¿Por qué se buscan si ya están juntos?

Se ponen al tanto de la vida que han perdido.

Sonríen, pero les duele la presencia del otro.

Su sonrisa es franca, su dolor también.

¡Ay!

El hilo está roto, pero los ata la herida.

Sus voces ya no vibran. El silencio crece como en el agua la onda.

 

Javel