Mirada en la ventana

Mirada en la ventana

 

Recordaremos por las palabras a Ramón Xirau. Especialmente lo recordaremos por las palabras con que lo nombró Octavio Paz: hombre-puente. Lo inmediato es tomar el nombre paceano, darle la vuelta y hacerlo gritar como definición. Así, sin esfuerzo pensamos en Xirau como un puente entre España y México, o entre la filosofía y la poesía, o entre el castellano y el catalán… ¿Para qué definir los lugares comunes? ¿Por qué usar las palabras del poeta para tasar el recuerdo en el mercadeo “cultural” de los obituarios? Ni Octavio definió a Ramón, ni Xirau se prestaba simplonamente a la voz alzada de las definiciones. El nombre paceano, palabras del poeta, debe entenderse como la metáfora que nos devuelve a lo inmediato. Pensar a Ramón Xirau como hombre-puente es desembarcar en la lectura con la metáfora paceana como mapa. El nombre paceano sólo resuena en la lectura. La metáfora del poeta es privilegio del lector.

         Recordaremos por las palabras a Ramón Xirau. Principalmente lo recordaremos por las palabras que son sus obras: sus libros y poemas. Sólo por la lectura recordaremos a Xirau. Nuestra vida prosaica no tiene lugar para el recuerdo de los poetas; mucho menos para un poeta que escribió en catalán. Nuestra vida profana no tiene lugar para el recuerdo de los filósofos; sin ciudades no hay filósofos. Si queremos recordar a Ramón Xirau, poeta-filósofo―hombre-puente, debemos volver a lo inmediato: las palabras de sus libros y poemas.

         Recordaré a Ramón Xirau por su poemario finisecular Indrets del temps. Leamos “Per la finestra”.

Fa fred avui, ho diuen la llum de la finestra,

l’aire en el gebre de les fulles.

 

La llum però la llum

                                       és nostra

                                                           la teva clara llum.

 

El caliu de la posta il·lumina la tarda

el vermellós incendi        nau vermella?

 

Les pomes a la taula

                                     repòs, repòs de tarda.

 

El poema pasa en tantos lugares y tiempos como de dísticos está formado. En el primer dístico, hay un hombre que mira a la ventana, una ventana que trasluce el mundo, una simultaneidad entre el hombre que siente frío y el movimiento mundano que trasluce el frío, una simultaneidad que se encuentra en el filo de la ventana. La interioridad y la exterioridad sincronizan en la luz de la ventana. Y es la luz la que, en el segundo dístico, todo lo trastoca. En un verso que se distiende como el tiempo y se extiende como la luz, el personaje del poema pasa del encuentro entre el sentimiento propio y el sentimiento del mundo, a un mundo habitado por el otro, a un sentimiento compartido, a la propia persona como mirada y al otro en comunidad en la ventana. Nótese que teva es el término central del poema: al centro del poema estás tú. No es ya un hombre que mira en la ventana el paso del mundo y especula para sí un estado exterior, ni es la sola unidad de mundo y hombre en la ventana ateridos a un mismo tiempo, templados al mismo frío, iluminados por la misma luz. Aquí, la luz sólo es tu luz, la luz sólo ilumina cuando nos ilumina, el nos es el claro de la presencia, nosotros somos el mundo y el mundo se ilumina cuando nos reconocemos nosotros. El poema frente a la ventana es un puente al hombre, el poema nos lleva del hombre al hombre.

         La segunda mitad del poema nos devuelve a lo inmediato, pero sólo a condición de que la genuina inmediatez siempre sea comunitaria: la inmediatez del solitario, del contemplador silencioso, del sujeto cartesiano, es una abstracción. Sólo hay atardecer porque el hombre es comunitario; el atardecer nunca es solitario. ¿Por qué? ¿No es acaso el atardecer solitario, el contacto ascético con la naturaleza, uno de los dogmas de los románticos, druidas posmodernos y místicos amateur? El poeta lo dice de un modo insuperable: El caliu de la posta il·lumina la tarda. Cierto, la traducción menos literal, pero quizá más literaria, prefiere “resplandor”, que el verso diga: el resplandor de la puesta ilumina la tarde. Sin embargo, el resplandor nos devuelve al contemplador silencioso, al hombre solitario frente a la ventana, al romántico que se abisma en el paisaje. En cambio, cuando la mirada frente a la ventana reconoce en el mundo el lugar en que somos, cuando reconoce al mundo como el lugar propicio al otro, es posible que la calidez de la puesta ilumine la tarde: cuando no soy yo, sino cuando sé que somos, toda puesta es calidez. La proximidad de la noche, el diluirse de la luz en el filo del horizonte, nos devuelve tras la mirada, tras la ventana, nos devuelve un yo que es nosotros.

         Y somos nosotros, al final del poema, quienes reconocemos lo inmediato en ese más allá del mundo que es el más acá del mundo de los hombres. La tarde reposa en las manzanas de la mesa porque ya no son una parte del paisaje, mero acontecer, tiempo transcurrido. Las manzanas en la mesa son tiempo vivido, tiempo de los hombres. ¿O no es la manzana la más humana imagen de un atardecer? Fue en el atardecer de la infancia humana donde la manzana iluminó al tú y en la luz nos descubrimos temporales, finitos, mortales.

         En “Per la finestra”, Ramón Xirau es puente del hombre al hombre. Sin dialécticas abstractas o mitologías metafísicas, el poeta nos presenta la conformación del mundo humano en función de la sabiduría del tiempo. Y al centro de dicha sabiduría permite al lector encontrar el tesoro de la palabra. ¿O no es “tú” la palabra más bella para el que empieza a vivir eso del amor? Sin tú no habrá mundo, no habrá palabra, no habrá… Recordaremos a Ramón Xirau por sus palabras.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Se cumplieron 34 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Los padres de los desaparecidos reiteraron que de llegar al tercer aniversario anual del caso y no tener una explicación clara, aumentarán sus protestas en tono, forma y número en la Ciudad de México. Por su parte, los funcionarios de la PGR se comprometieron a presentar los avances del caso en agosto. Mientras tanto, el Presidente acudió a Guerrero en el mismo día del aniversario, no mencionó el tema, pero dio reconocimientos a militares. 2. Seguimos rompiendo las marcas, seguimos una tendencia a la alta, nos vamos superando… pero en la cifra de homicidios: junio tuvo la tasa más alta de homicidios desde 1997. ¡Veinte años no son nada! Y para Alejandro Hope es claro el problema: “cuando la violencia se asume como asunto “entre ellos” [los criminales], los homicidios no se investigan”, luego la impunidad impera. 3. Para Sara Sefchovich, el presidente Enrique Peña Nieto “parece muy gallito, pero tiene miedo”, por eso habla siempre, recibe aplausos y hace giras, pero calla cuando hay problemas, se esconde, no da la cara y manda a un subordinado. 4. Gil Gamés comparte mi estupefacción: un prohombre de la política al que se celebra por su servilismo con atuendo democrático. Se trata, claro, de Porfirio Muñoz Ledo, quien lleva más de 60 años viviendo del presupuesto, acomodándose para caer de pie. “sí, dígame don Gustavo, para qué soy bueno; dígame, don Luis, en qué le ayudo; don Miguel de la Madrid, vamos bien; búscame una cita con Carlos Salinas; Zedillo me recibirá mañana; ya platiqué con Fox y decliné porque soy un prócer; hablé ayer con Cuauhtémoc; dice Andrés Manuel que todo va viento en popa; por cierto, me pide Miguel Ángel Mancera que cuide la Constitución de la Ciudad de México”.

Coletilla. Va el poema “Por la ventana” de Ramón Xirau, pero revisitado.

Hoy hace frío, me lo dicen la luz de la ventana,

o el aire entre la escarcha de las hojas.

La luz pero la luz

                                 es nuestra

                                                      tu clara luz.

La calidez de la puesta ilumina la tarde

incendio rojizo     ¿nave rojiza?

Las manzanas en la mesa

                                                reposo, reposo de la tarde.

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