La última cena

Rata asada, ¿por qué no? De todos modos el mundo estaba por irse al carajo. Le metió un par de plomazos en la cola, justo entre las dos patas traseras. El animalito chilló hasta que su cuerpo no pudo seguir respirando. Jonás jamás imaginó pelar una rata con sus propias manos, de hecho, le parecía bastante absurdo prepararse algo de comer sabiendo que en dos horas con dieciséis minutos, el mundo se acabaría.

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