Misantropía con piel de cordero

Entre más veo la defensa que las feministas hacen de las mujeres y lo que esa defensa ha conseguido, más me persuado de que el feminismo es misantropía disfrazada de igualdad, y es igualdad disfrazada de justicia.

 

Y antes de que se me envíe a pasear lejos, o de que se me tache de tradicionalista, he de dar mis razones para no anexarme a una lucha en la que creo ni Safo ni Juana de Azbaje verían una causa justa.

 

Los hombres fueron tachados de necios, por acusar sin razón siendo al mismo tiempo ocasión de lo mismo que acusaban, ahora las necias son las otras, que al buscar liberación sólo acaban anuladas.

 

Si se entiende como justo lo que es igual, lo que anula diferencias, lo que no contempla singularidades, entonces las feministas buscan que las mujeres anulen a los hombres y junto con ello lo que no los deja ser iguales, no se trata de quehaceres o de roles, esto va más allá, porque es hacer menos lo que ambos hacen, es hacer de los trabajos meras ocupaciones y pérdidas de tiempo, con la esperanza de que otro haga lo que para ambos sería dable, porque para eso sirve ver que todos somos iguales.

 

Siendo pilar y fundamento de los hogares, lo hecho por las mujeres no resultaba despreciable, pero al considerar a los quehaceres del hogar y a la educuación de los niños como acciones denigrantes, las feminas consiguen que sólo se les compare, que pierdan en la comparación por falta de tiempo, ya que han de trabajar fuera y dentro de sus hogares,  y que al perder se les deje ganar como se hace con aquellos que al jugar, por no saber perder, se tornan detestables.

 

Además de igualitario al confundir la forma con la práctica, cabe destacar que la buena feminista es misantrópica, porque anula el hacer de todos y lo sumerge en oscuridades, de los quehaceres hace esclavitudes y de la provisión de alimento nimiedades; de la educación de los niños una tarea delegable, porque es preferible que otros se ocupen de estorbos tan contrarios a la superación personal, que sí resulta deseable.

 

Pero, el feminismo y la anulación de las desigualdades son producto del progreso y de la búsqueda de libertades, para ser feminista es necesario ser progre y creer que el ser humano es plástico y educable, así como al ser amante del progreso de alguna forma se acaba siendo feminista porque viene junto con ser igualitario.

 

Así el mal no es tanto el feminismo que quiere cambiar papeles y envolverse en igualdades, sino la igualdad que lo funda y hace de lo feo algo bello y de lo bello algo horrendo.

 

Maigo.

 

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