El (otro) hijo del pueblo o lecciones de la corrupción

El (otro) hijo del pueblo o lecciones de la corrupción

El narcotraficante, sea cual sea su familia, su estirpe, la forma en que nació o se hizo, también tiene su parte romántica –perversa, claro está. Romanticismo y vicio, dan como resultado la barbarie. Me explico. Todos hemos oído algún narcocorrido, en ellos se exalta la hombría, la astucia, tanto como el porte y el poder de estas figuras siniestras. Pero además, se remarca una cualidad inapelable: “yo soy de rancho”, lo que quiere decir –o mejor dicho, ellos inventan– soy humilde, trabajador, responsable y devoto.  Humilde quiere decir del pueblo, es decir, que está en contra de todo lo ostentoso y tramposo que puede ser tanto el liberal extranjero, como el político artero. Humilde es el que se sabe sobajado. Trabajador, porque sus padres les ensañaron que se come del fruto del propio esfuerzo, esto da legitimidad a lo obtenido con el sudor de su frente “cómo y de qué manera”, es lo que ya no es tan honroso. Pero esto no importa, porque los poderosos a esto nos han orillado. En la lección de humildad aprendemos que los malvados son los otros, y en la lección del trabajo, la conclusión es que el único modo de vivir es ser como ellos… pero nada más de apariencia. Además, esto justifica las amenazas a quienes los denuncian. El mal (matar) se justifica en el populismo del narco, porque “no nos dejan trabajar honradamente.”

La tercera lección: Responsabilidad en el sentido cívico, porque son empresarios que dan oportunidad de progresar a sus amigos, tanto como a sus pueblos. Siempre y cuando éstos sean leales. Es decir, de confianza, que vayan poco a poco demostrando su honradez, matando enemigos, secuestrando gente inocente –para ellos, en esta lección, ya no hay bien ni mal, sino utilidad. Si el pueblo es útil se conserva, si no, habrá que desplazarlo. ¡Qué pronto se olvidan de regresar al pueblo con manos llenas de caridad y riquezas para todos! Siempre lo supieron, sólo que tenían que aprender bien la lección que ofrece la corrupción mexicana: Se administra el poder público para beneficio propio. Se compran las instituciones, no se destruyen. La corrupción ampara a este nuevo hijo que le aprendió tanto. El problema es que esta escuela tiene muchos estudiantes y todos quieren el puesto único para el que los prepararon: Santo patrono de la delincuencia, ¿ampáranos? ¿Quién le reza a la destrucción? El narcotraficante y el corrupto, sueñan que el pueblo al que destruyen les rinde loas: lección última.

¿Qué hijos te quedan México? ¿Cómo salvamos la fraternidad en medio de este nido de serpientes hambrientas? Quedan los hijos que te quieren ver unido por la verdad y la justicia, como don Héctor de Mauleón. Salvémonos no dándole la espalda a hombres con ese ideal.

Javel

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