La fuerza de las costumbres

La fuerza de la costumbre es tal que a veces actuamos casi sin reflexionar; lo mismo si estamos acostumbrados a empezar nuestro día aseándonos o a comenzarlo desayunando, que si al ser asaltados levantamos o no una denuncia. La costumbre lleva a los pueblos a vivir conforme a formas que a nosotros nos parecen sumamente extrañas, salvajes o hasta erróneas. Los antropólogos intentan entender durante buen parte de su vida esas formas de vida, a las cuales llaman culturas. Hay políticos que sin pasarse mucho tiempo estudiando, aunque quizá observando las costumbres de sus cercanos, dicen que la corrupción es cultural, con lo cual dan su venia a cualquier triquiñuela o maña que realicen los funcionarios públicos, así como refutan la posibilidad de que las personas puedan ser educadas para que dejen de cometer ese vicio. Pero si la corrupción es cultural, ¿en algún momento se debió de haber aprendido? Supongo que el experto en la naturaleza humana sugirió que el hombre empezó a ser corrupto no por culpa suya, ni por la de sus allegados, sino por alguien más a quien el no tuvo la fortuna de conocer; él es sólo otra víctima más de las circunstancias. Otros rivales intelectuales del prominente político sugerirían que las costumbres pueden ser encauzadas para resaltar lo mejor de las personas mediante la educación. Para que esto fuera posible, desde pequeños tendríamos que ser educados en querer lo bueno y detestar lo malo, pues si no se le toma importancia a las trampas en los juegos que hacen los niños o a las mentiras que dicen aduciendo que los pequeños  no saben lo que hacen, estos podrían llegar a ser eminentes políticos corruptos y, según su delito, propiciar muertes y ser extraditados por tener la capacidad de cometer crímenes que afecten a varios países. Aunque para que la alianza de la educación con las costumbres tenga éxito se debe saber cuándo es el momento en el que se deja de educar, es decir, si un adolescente ya puede tomar las decisiones correctas para las que se presume que se le educó o hay que esperarse hasta encontrarle pareja para dejar de educarlo. Asimismo, se debe tener en cuenta si la educación no resulta perjudicial al decidir, como el ejemplo del estudiante Raskólnikov, quien racionalmente justifica un asesinato. O el astuto Svidrigáilov, quien al hacer bien busca hacer mal y que ve en el intento de Dunia (hermana de Raskólnikov) de reeducarlo una manera de aprovecharse de ella. ¿La costumbre ha limitado durante muchos años a Svidrigáilov, hombre casi anciano, a ser un tipo astuto, que busca aprovecharse de todas las mujeres?, ¿alguien que se ha beneficiado tanto de sus vicios no puede volverse bueno? La imposibilidad de que él pueda responder a esto lo hace suicidarse. La influencia de las costumbres, el acostumbrarnos a no cuestionarlas, puede ser peligrosa.

Yaddir

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