Ingenuidad

Las trompetas de los ángeles eran estruendosas como una ola navegando sobre la ciudad de Tokio. Se escuchaban por igual sin importar en qué parte del globo terrestre estuvieras parado, y sin importar la religión o el idioma que profesases, te enterabas de que había llegado el fin del Mundo.

De verdad intenté no reírme de los que asustados comenzaron a cavar fosas en la tierra tan grandes que pudieran albergar a ellos y a sus familias el resto del tiempo. No los compadezco, cada quién se las apañó como pudo, después de todo no había un manual o un video de Youtube que explicara las normas de etiqueta que debían seguirse en un día tan especial.

Está de más decir que nadie lo esperaba, y que durante los últimos dieciséis años el mundo se ha desquiciado por completo mientras esperan que dejen de sonar las fanfarrias angelicales. Pero yo no, yo hice lo único que mi razón me dictó (al igual que a muchos otros). En cuanto escuché el llanto del metal divino resonar por los cielos, tome a la fuerza una pistola y balas, muchas de ellas.