Por una nueva entonación

Es desafortunado el uso que le damos a la red. Podemos entablar contacto con cualquier persona, pero no conversamos de cuestiones importantes; podemos leer miles de libros de las mentes más insignes del mundo, pero nos parece un desafío pasar los ojos por 100 caracteres; podríamos conocer y entender diversas opiniones sobre los asuntos más polémicos, pero nos encanta imponer nuestra opinión. Aunque el mal uso que hacemos del internet no es totalmente culpa nuestra, pues somos demasiado limitados para una plataforma cuyos límites no nos parecen claros. La buena información queda eclipsada por la infinidad de mala información; los asuntos importantes quedan reducidos a una opinión entre millones de opiniones a las que no se les puede tratar con calma.

Un ejemplo de mal uso de la red es la indignación que se suscitó porque el himno nacional de Canadá cambió unas palabras para volverlo más incluyente. En algunos países, como México, el cambio sirvió para criticar el himno nacional de cada país; no sirvió para cuestionar la importancia de los himnos en cada nación, ni para sugerir qué conviene que diga un himno, en el caso de que sea importante, sino simplemente para señalar un defecto nacional. Gabriel Zaid en un ensayo titulado “Por otro himno” señala que las palabras usadas en el himno nacional mexicano no muestran el español de los mexicanos ni el sentimiento nacional. Como casi todos los himnos, el mexicano es demasiado bélico para los tiempos actuales; el himno nacional francés, surgió en plena revolución francesa. Tanto Francia como México han sido blanco del terrorismo y el narcotráfico, respectivamente, ¿por qué la belicosidad de sus himnos no les ayuda a levantar los ánimos en sus más sombríos días o a sentirse más unidos?, ¿será un defecto del patriotismo, que ahoga las líneas de cada himno, el no poder servir en tiempos de paz con explosiones de violencia? Siendo más específicos: ¿el patriotismo realmente pudo unificar a toda una nación, a todo un imperio, a todo un reino?

¿Qué clase de himno necesitamos quienes pasamos buena parte de nuestro tiempo enredados en internet? Pero cabe más la pregunta: ¿nuestros ánimos, referentes al patriotismo, no son tan diversos como para tener un himno? Dada nuestra libertad de expresión, inclusive resultaría imposible pensar que tengamos ánimos que sean movidos o unificados por un himno. Pero pensándole un poco, quizá se puedan resumir los ánimos políticos en dos clases: quienes están interesados en la política y los apáticos de los asuntos públicos. Podrían proponerse dos himnos nuevos para cada clase de persona teniendo en cuenta las experiencias de cada sector y sus intenciones. Los problemas vendrían cuando se le rindieran honores a la bandera, pues se tendrían que hacer dos ceremonias y no parece clara la pertinencia de que cada grupo deba quedarse a la ceremonia de la que su ánimo no forma parte, pero, por respeto a las opiniones de los otros, cada grupo deberá escuchar ambas ceremonias. Evidentemente los apolíticos quizá no quisieran manifestar su ánimo en contra de la política, pero al menos habría que hacer algo representativo de ello. Algo así como un largo y prolongado silencio, que contraste con la ceremonia, pero que dure lo mismo. Tal vez lo mejor sea no moverle a las tradiciones, finalmente a pocos les importan.

Yaddir