Mirada de Paz II

Mirada de Paz II

 

A veinte años del fallecimiento

de Octavio Paz

 

La crítica es, lo sabemos desde Jorge Cuesta, la actividad política de la inteligencia. La crítica literaria, de modo semejante, siempre es una posición pública sobre el hecho literario. El poeta que lee a otros poetas presenta lo poético públicamente, políticamente. En la mirada del poeta que lee a otros poetas encontramos también una crítica política. Así podemos verlo, por ejemplo, en la lectura que el poeta Octavio Paz hizo de la poesía de Efraín Huerta.

         Dice Paz: “A mi generación, que fue la de Efraín Huerta, le tocó vivir el crecimiento de nuestra ciudad hasta, en menos de cuarenta años, verla convertida en lo que ahora es: una realidad que desafía a la realidad […] Fuimos amigos y nunca dejamos de serlo […] Más tarde las pasiones políticas nos separaron y nos opusieron pero no lograron enemistarnos. Vi en él siempre al Efraín de nuestra adolescencia: al poeta apasionado e irónico, al amigo un poco silencioso y afable. En su trato Efraín era cortés y discreto, como buen mexicano. La violencia de algunos de sus poemas y epigramas contrastaba con su finura personal […] Hay un Efraín Huerta poco conocido, oculto por lecturas más fervorosas que atentas”. La crítica literaria de Paz busca hacer visible al poeta apasionado. La fama de Huerta creció como la ciudad: distorsionando la realidad. La lectura del amigo debería darnos ojos para leer bien a Huerta. ¿Será?

         Leo el poema “Ternura”, del poemario Estrella en alto de 1956.

Lo que más breve sea:

la paloma, la flor,

la luna en las pupilas;

lo que tenga la nota más suave:

el ala con la rosa,

los ojos de la estrella;

lo tierno, lo sencillo,

lo que al mirarse tiembla,

lo que se toca y salva

como salvan los ángeles,

como salva el verano

a las almas impuras;

lo que nos da ventura e igualdad

y hace que nuestra vida

tenga el mismo sabor

del cielo y la montaña.

Eso que si besa purifica.

Eso, amiga: tus manos.

El poema todo proviene de la vista. Quien habla en el poema mira unas manos. Manos son, pero no por su materia, tampoco por su acción, sino por una posibilidad propia de ellas: la ternura. Lo tierno aparece en la tercera de las cinco partes del poema. La tercera parte, y central, articula la mirada y el alma, lo que mira y lo que no se mira, con un toque inmaterial. Las manos son el medio inmediato del toque; las manos tiernas son ángeles.

         Visto en su conjunto, el poema desciende por un camino que conduce a las manos en que se mira la ternura invisible. Los pasos del camino descendente son lo breve, lo suave, lo que salva, la vida, las manos. Sólo las manos carecen de la levedad de breve, suave, salva y vida. Pero se trata de aliviadas manos que en ternura purifican. Huerta llega a la tierna caricia de las manos por un camino silencioso y afable.

         La caricia tierna siempre es breve: como el mensaje en la paloma, que apenas vuelve confirma en su pequeñez la inmensidad del mundo; como la vida de la flor, que apenas esplendente se marchita inapelable; como esa mirada atónita de los amantes en la desvelada noche. La caricia tierna siempre es suave: decidida y natural como el chupamirto, expectante y sorprendida como quien con la mirada confirma su entrega. La caricia tierna salva estremeciendo, como el espíritu sobre las aguas, como la pila del bautismo, como cuando los amantes son una misma nota… De ahí la vida, de ahí que la caricia tierna nos iguale en ventura. En el amor, la pareja de amantes se aventura a la vida. Sólo así volvemos a las manos, tras recorrerlas recorriendo en la imaginación su camino. Volvemos a las manos a admirarlas, a desearlas. Volvemos por fin a las manos puras.

         Octavio Paz consideró que Efraín Huerta era en realidad un poeta fino al que es necesario rescatar de la batahola antipoética. Si bien el influjo infrarrealista tiene una constancia en la arena política, eso no significa que el lector de poesía deba aceptar el canon antipoético de una postura política. Afirma Paz: “Nada más alejado de los gustos poéticos y del temperamento de Huerta que el didactismo de la literatura doctrinaria […] El poeta acaba siempre por vencer al ideólogo”. Manos impuras las del ideólogo que distorsiona la mirada para hacerse de un lugar en la plaza pública. Manos impuras las del lector que permite que su ideología anuble su experiencia del poema. Manos puras las del amante entregado, las del lector cuidadoso, las que acompañan a la mirada en la ternura apasionada de los mejores días.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. A continuación un enigma. Primero. El jueves 12 de abril, en Reforma, Roberto Zamarripa presentó un reportaje en que se revela el contenido de conversaciones privadas entre miembros de Guerreros Unidos en torno a los hechos de la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala. Entre los datos se tiene que: no serían 43, sino hasta 60 desaparecidos aquella noche; que los normalistas de Ayotzinapa fueron confundidos con miembros de Los Rojos por los sicarios de Guerreros Unidos; que Guerreros Unidos recibió la ayuda de policías de Iguala, Cocula y Huitzuco. Además, se añadió que la PGR y la CIDH ya habían recibido la información. Segundo. El viernes 13 de abril, en Reforma, Sergio Sarmiento apuntó en torno al reportaje de Zamarripa: “Esos mensajes confirman en lo esencial la llamada verdad histórica. Los normalistas fueron identificados como integrantes de Los Rojos. Fueron privados de la libertad con apoyo de policías municipales y entregados a Guerreros Unidos. Al parecer fueron asesinados”. Tercero. También el viernes 13 de abril, también en Reforma, Carmen Aristegui también escribió sobre el reportaje de Zamarripa, afirmando: “En el expediente quedaron registradas comunicaciones en las que se muestra la manera en que coordinaron, desde allá, la intervención de policías en Guerrero para frenar el presunto avance, para tomar la plaza, de otro grupo delictivo conocido como Los Rojos. En una trágica confusión, dieron por hecho que los jóvenes estudiantes formaban parte de una operación comandada por Los Rojos que pretendía tomar la plaza. Estas comunicaciones muestran de qué manera se ordenó la actuación de policías para atacar con armas de fuego a los estudiantes”. Y ahora el misterio. ¿Por qué habrá olvidado la señora Aristegui ponerle sujeto a quienes “dieron por hecho que los jóvenes estudiantes formaban parte…”? ¿Por qué dejó en la vaguedad el “se ordenó la actuación de policías”? ¿De dónde sale su acusación de complicidad “desde las altas esferas”? Claro, doña Carmen cree que si la realidad no corresponde con sus prejuicios, peor para la realidad.

Obituario. Dijo ayer Enrique Krauze: “Ha muerto Joy Laville. Llenó de belleza y luz la pintura de México. Llenó de amor la vida de nosotros, sus amigos. Ahora se reencuentra con Jorge Ibargüengoitia, en algún lugar”. Hoy la recuerda bellísimamente Jorge F. Hernández.

Coletilla. “La redacción no tiende a intensificar la vida; la escritura tiene como finalidad esa tarea. La redacción difícilmente permitirá que la palabra posea más de un sentido; para la escritura la palabra es por naturaleza polisemántica: dice y calla a la vez; revela y oculta. La redacción es confiable y previsible; la escritura nunca lo es, se goza en el delirio, en la oscuridad, en el misterio y el desorden, por más transparente que parezca”. Sergio Pitol, el hombre salvado por los libros.

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