De la esposa de Eetes a su infante niña

Lloras porque temes que algún día muera, ya has visto que cuando eso pasa nunca se regresa, no te puedo garantizar siquiera amanecer o poder despertarte para llevarte conmigo al lugar que en casa nos corresponde llevar, no te puedo dar paz y tranquilidad respecto a ese miedo que ahora te atormenta.

Lloras porque temes que algún día muera, porque no quieres dejar de verme o que deje de verte mientras aprendes a ser feliz seas o no de la realeza.

No te puedo asegurar que eso tarde o que no suceda, pero sí te puedo decir que si pasara al revés, que si tú te fueras antes que yo me invadiría la tristeza, pero prefiero verte crecer a dejarme invadir por el miedo a futuras tristezas.

A veces veo en tus ojos, cuando te enojas que en leona podrías convertirte, espero que eso no pase, porque de ser así en tu vida podrías llevar como compañera a la miseria, si dejo de estar a tu lado porque en esta vida me pierda, sólo te pido que sean una digna hija y a que tu padre obedezcas.

No te dejes seducir por jóvenes navegantes, provenientes de otras tierras, te podrían llevar lejos, y usarte a su conveniencia. Ese dolor no lo deseo para ti que eres mi niña bella y a la que ahora dejo dormida  y con el temor de que algún día yo muera.

Si muero antes y no te veo crecer, has de saber que el tiempo que he pasado contigo es un tiempo que atesoro, aunque a veces no parezca.

 

Cuidate hija de Eetes, cuidate y por mí no temas.

 

 

Maigo

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