Invocaciones Oníricas

Se le apareció en un sueño, cualquier día de cualquier semana. Sus ojos grandes lo acusaban con esa negra mirada que se clavaba en el alma con la severidad de un inquisidor español. Su piel era amarilla, vestía un turbante hecho con una toalla húmeda blanca que reposaba sobre su escamosa piel. Su boca era pequeña y carecía de toda forma humanoide, parecía más como un pico de pato que un hocico de otro animal. El demonio sonrió con su pico chimuelo y en un idioma sin sonido pronunció su verdadero nombre. El hombre que estaba frente a él, muerto de miedo tuvo una gran impresión en el alma, de esas que no te permiten olvidar este tipo de experiencias.

A la mañana siguiente apuntó el nombre del demonio, sin embargo, no se atrevió a decirlo en voz alta por miedo a que su sueño se hiciera realidad

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