Historias monstruosas

En las últimas 2 semanas en las redes estuvieron circulando dos historias de monstruos. En una, una niña le escribía una carta a un monstruo diciéndole que ya sabía que no existía; el monstruo le respondía, con tono triste, que ella ya estaba muerta y tenía que buscar a otra persona para espantar. En la segunda historia, la policía atrapaba a una pareja que había matado y cocinado a más de diez mujeres. Para desventura nuestra, no es difícil saber qué historia se encuentra en la ficción y cuál es parte de nuestra monstruosa realidad. Lo más interesante de la primera historia es que forma parte de los libros de texto gratuitos para todos aquellos que estudian la primaria en el país donde atraparon a la pareja de feminicidas.

La interpretación más alentadora de la historia “Lucy y el monstruo” de Ricardo Bernal es que la niña muere para el monstruo porque ha superado y, por lo tanto, matado a sus miedos. El monstruo sigue en el mundo de la fantasía y ahora debe buscar a otra persona a quien asustar. Quizá por ello la Secretaría de Educación Pública decidió incluirla desde 2014 en los libros de texto gratuito. No sólo quiere ponderar el valor de la literatura para explicar el paso de la niñez a la adultez, quiere mostrar que, sin importar lo aterradora que parezca la realidad, esto sólo se debe a nuestra imaginación y que siempre puede superarse. El 2014 fue el año en el que desaparecieron 43 normalistas en Guerrero. Desde 2012 las cifras de homicidio doloso han incrementado (116 mil 940) en México si se les compara con los seis años anteriores (102 mil 327). Como las cifras no pueden contabilizar el dolor de los afectados, así como borronean el rostro de los asesinos, tenemos fresco el ejemplo de la pareja que mató a más de diez mujeres. Mujeres que seguramente tienen familia, amigos, gente que las extraña y a las que su desaparición afectó profundamente (hasta el momento no han sido identificadas todas las víctimas). En tal panorama de violencia, el cuento podría ser incorrecto para niños de entre diez y trece años no por el contenido literal, sino porque quizá no tengamos muchos elementos para interpretarlo.

Los monstruos no sólo están en los cuentos. No querer que los niños lo lean, quizá porque teman que realmente sí puedan aparecerse de algún rincón oscuro, no los protegerá de las noticias, ni mucho menos de la aterradora condición del país. ¿Es loable la intención de la SEP cuando el gobierno puede hacer poco contra los monstruos que no se encuentran en la fantasía?

Yaddir

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