Sobre lo que nos hace reír o llorar

Un amigo, consciente de mi fascinación por escuchar historias de personalidades peculiares, me contó sobre una persona que a veces lloraba cuando recibía maravillosas noticias y en ocasiones reía cuando las más terribles tragedias lo enterraban. Le pregunté si tenía más información, como el carácter de la persona referida, su edad, ocupación, gustos y fobias, etc. Pero él no me dijo nada más, sólo eso. ¿Es posible tener una reacción contraria a la que se debería padecer? Lo más cercano que se me ocurre es la risa nerviosa, pero ésta tiene el nerviosismo como su peculiaridad; así como el estado alterado después de que la risa ataca a la persona afectada. En ocasiones he visto que algunas personas después de realizar una acción con adversas consecuencias que pudieron evitarse se dicen “qué menso” o “qué tarado” o groserías menos ligeras mientras se golpean la frente con la palma. El caso referido por mi amigo tiene la particularidad de una reacción, algo que apenas se está comenzando a comprender.

Una posible explicación de la contrariada manera de reaccionar de la persona mencionada, según le especulaba a mi amigo, era que quizá cuando le contaban las malas noticias estuviera de un humor excelente y cuando le daban las buenas estaba tristísimo; reía porque descreía que algo pudiera sacarlo de su excelente estado de humor y lloraba porque pensaba que al fin salía de su pesar. Pero a estas especulaciones les faltaba información para que pudieran tener mayor coherencia y quizás algo de verdad. La gravedad de las noticias, el lugar y la persona que se las hayan dicho a la persona referida, todo eso se conjuga para contribuir en su reacción. Tampoco se tenían más noticias de dicha persona después de su reacción. Mi amigo sólo se quedaba con lo más llamativo, pero no sabía qué había detrás. Aunque esto no es impedimento para considerar que a veces se puede reaccionar de manera contradictoria, como algunos ejemplos históricos lo evidencian, pues, cuando ciertas personas vinculadas con el poder se enteraban de la muerte de alguno de sus enemigos, en lugar de alegrarse y festejar, se entristecían e inclusive rendían luto y presentaban sus respetos. Pero estos casos tienen la particularidad de que un enemigo político siempre lo involucra a uno. Hasta a los más grandes enemigos se les respeta, pues se les considera inteligentes, peligrosos.

Una última especulación, que se relaciona con la actitud de quienes se palmean la frente, según le mencioné a mi amigo, era que ambas reacciones son modos de disponerse a las situaciones importantes; así nos percatamos del buen y mal modo de actuar. “¿O sea que las noticias relevantes o nos causan risa, alegría, tranquilidad o nos causan llanto, tristeza y desesperación?” “Tal vez no de modo tan extremo, pero sí, creo que sí nos llevan a tales estados de ánimo. Pero lo más importante es no quedarnos con ellos, sino saber cuál es la mejor manera de actuar una vez que recibimos dichas noticias”, le especifiqué a mi amigo. El humor, como bien lo decía un pensador, es una modalidad de la tanatología.

Yaddir

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