La vida en un tiempo enfermo

La vida en un tiempo enfermo

 

Estamos enfermos de

predicciones y recuerdos

Quizá la más terrible de las consecuencias prácticas del historicismo sea la resolución. Considerar a nuestros tiempos impulsados por un pasado fatídico y dar a nuestra acción una importancia tal que sea siempre necesaria es consecuencia directa de la fe historicista. Creer que se tiene demasiada claridad sobre el pasado suele engendrar la convicción de una claridad suficiente sobre el futuro. De ese modo la acción se vuelve imperativa: hay que hacer algo, y hay que hacerlo ahora… Así nuestro tiempo enfermo. Mas no basta señalarlo, que la crítica al historicismo, a la fe en el progreso o a la insensatez de la resolución ni son nuevas ni son desconocidas. Los jóvenes marxistas que en el pasado se engrieron con el banderín del “¿Qué hacer?” para sostener la inevitabilidad de la revolución, después se negaron a reconocer el infierno soviético y ahora creen que su proyecto no fracasó, sino que solamente no se realizó a plenitud. Había que hacer algo, piensan; se reconfortan creyendo que al menos ellos sí lo hicieron. Mas no basta señalarlos, que siempre habrá más dedos para apuntar a los demás. Señalar y denunciar no son necesariamente críticas; no todas las críticas disuelven las imágenes: nos falta imaginación. Traigo a cuento el problema, porque el inminente aniversario 40 de la muerte de Jordi García Bergua [1956-1979] me ha recordado su Karpus Minthej, quizá la novela mexicana que mejor presenta el problema de la resolución.

         Karpus Minthej parece escrita en dos partes, pero en realidad se conforma de seis. Dos de ellas, la segunda y la tercera, señaladas como partes. Tres, la cuarta, quinta y sexta, señaladas como apéndices. Una, la primera, como una carta que presenta el resto. Precisamente, reconocer la unidad de las partes es comprender el ejercicio de imaginación de García Bergua y, con ello, leer cuidadosamente la novela.

         Si atendiésemos únicamente a las partes de la novela que se señalan como partes, tendría que decirse que Karpus Minthej es la historia de la muerte de Karpus Minthej, joven europeo enfermo de Modernidad. Y efectivamente, a lo largo de las dos partes señaladas como partes se nos presenta el proceso de enfermedad de Karpus Minthej y la terrible consecuencia que su enfermedad conlleva. Problema con ello es que en ninguna de las dos partes muere Karpus Minthej; lo enfermo y la muerte dan sentido a las partes, pero más allá de sí mismas.

         Si atendemos a la carta inicial, Karpus Minthej es el informe detallado de un científico que pretende demostrar la inocencia de Karpus a fin de lograr la absolución de la justicia por los crímenes que cometió. De este modo, las dos partes señaladas como partes serían la descripción del científico que pretende defender a Karpus. De ahí que dichas partes expliciten la enfermedad. Genialidad del autor: comprender al nihilismo como enfermedad es una interpretación cientificista de la misma Modernidad enferma. Nietzsche exageró evidentemente esa comprensión; García Bergua leyó de tal modo a Nietzsche que reprodujo poéticamente la exageración. Eso da, por tanto, una distancia en la lectura que nos pide considerar los tres apéndices.

         Por los apéndices de Karpus Minthej nos enteramos que el científico que redactó la carta inicial y las dos partes señaladas como partes no es el autor de la novela Karpus Minthej, por lo que no podemos concluir que la novela tenga la misma intención que el informe científico. García Bergua no nos permite saber quién recopiló los apéndices, y el impedimento es parte de su ejercicio literario. Si Jordi García Bergua hubiese construido al personaje-autor de Karpus Minthej, Jordi García Bergua se comprometería a encontrar solución al problema de la resolución; cayendo en el problema mismo. La resolución se entiende a través de Karpus Minthej precisamente porque la vida de Karpus resuelta en el drama no está resuelta en la trama. Esa contradicción sólo puede ser presentada poéticamente, sólo se origina en la crítica que opera la imaginación.

         El tercero de los apéndices de una vuelta más sobre la imposibilidad de solucionar la resolución. ¿Y si la resolución es aniquiladora de sí misma? Y si el hombre más inteligente comete el más grande crimen, ¿una trepanación podría ser la resolución final? Si lo fuese, gana el nihilismo. Si no, Jordi García Bergua habría logrado mostrar que la resolución siempre es una trepanación. ¿Cómo sobrevivimos los trepanados? Bien haría mi generación (y la que le sigue) en leer Karpus Minthej.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. A partir del lunes 7 se registrarán las asociaciones políticas con intenciones de recibir el reconocimiento como partido político nacional. Ante la incertidumbre del camino que les toque transitar, el Frente Nacional por la Familia decidió probar suerte en más de uno de los grupos que buscarán el registro. Así, tienen gente entre los margaritos, lo mismo que andan en negociación con la Maestra o con la última dirigencia de Nueva Alianza. De parte del Yunque, sus representantes tienen fuerza en lo que sería el partido México Independiente. Y por la izquierda, sus miembros se han colado en dos de las principales organizaciones. En febrero sabremos cuántas organizaciones quieren convertirse en partido político y entonces veremos por cuántos caminos está apostando el Frente Nacional. Mientras, los defensores de derechos humanos duermen en los laureles de la 4T.

Coletilla. No entiendo. Si dicen que los Reyes Magos son los papás… ¿entonces soy hijo de un ménage à trois?

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