¿Por qué se ponen de moda las cosas que están de moda? Quizá se deba a que atraigan a muchos. Lo atractivo sacude alguna parte del alma humana; los cantantes más famosos poseen mejores fisonomías que canciones. Eso provoca que se hable de ellos, no importando si es en sentido peyorativo o positivo, pues no es fácil ignorarlos. No sólo se habla de bellas figuras, se habla principalmente de lo que hacen. Si se quedan quietos o no dan de qué hablar, poco probable es que se mantengan en la moda. De entre los varios temas que han eclipsado la moda y se han adueñado de las conversaciones, pocos, de entre los asuntos que no están relacionados con crímenes, se han nutrido tanto al paso de las semanas como los relativos a la película Roma, de Alfonso Cuarón.

Roma, la película, apuesta más a la forma que al contenido; es decir, tiene una estructura llamativa, pero un tema endeble; incluso decir que tiene un tema es incorrecto, pues habla de muchas cosas, evoca muchos recuerdos. La maternidad, la vida, la muerte, el abandono, la corrupción, todo se ve en el filme sin que esté relacionado; apenas si está conectado. Hasta pareciera que son recuerdos, pedazos de vida que se van armando y viendo a partir de un presente apenas preciso (tal vez por eso a varios les gusta y disgusta, por eso está de moda hablar de la película). ¿Son los recuerdos de una persona los que se van presentando en la pantalla con la uniformidad del blanco y negro?, ¿son recuerdos de varias personas que vivieron juntas o tuvieron la suerte de coincidir?, ¿hay un personaje principal en toda la película? No podríamos hablar de personajes sin una historia en la que ellos participaran o que ellos formaran. Pero tal vez eso sea lo que busque Cuarón, cuestionar que los personajes deban estar inmersos en una historia puesta con claridad, pues muchos detalles de la vida se nos escapan y apenas si somos conscientes de la muerte y la vida cuando nos apuntan con un arma. El cineasta mexicano quizá intente mostrar, hasta con la poca uniformidad de las tomas (a veces parece que la cámara está muy arriba, a veces que está muy abajo), que vivimos viendo fragmentos de la vida de quienes nos rodean.

¿Se puede contar una historia sin que tenga un tema claro, visible y comprensible? Al parecer Roma, la última película Alfonso Cuarón, apela a que puede contarse con imágenes y escenas. Quizá no es que esas imágenes carezcan de comprensibilidad, sólo que dicen de un modo diferente al de las palabras. Cleo, en la película, va a buscar al responsable de embarazarla y de fondo se escucha la presentación del gobernador del Estado de México durante los primeros años de los setenta, Carlos Hank González, quien, como todos los gobernadores de esos años, era del PRI. Al encontrar a quien la embarazo, esta persona está entrenando junto con un grupo nutrido, de al menos 200 personas. En la siguiente escena en la que se encuentran, ella está comprando una cuna para su bebé y él, a quien en la película se llama Fermín, está agrediendo y matando, junto con otros hombres, a estudiantes el 10 de junio de 1971. Las imágenes muestran el papel que el PRI jugó en esa matanza, que entrenó a cientos de jóvenes, con disciplina y cuidado, pero sin la responsabilidad directa que da el ejército, para contrarrestar las manifestaciones estudiantiles. Las imágenes tienen el mayor peso en Roma; los personajes apenas si hablan. Quizá su autor pensó que la vida se presenta a partir de esas imágenes que vemos, que nos llenan de recuerdos y van formando nuestras vidas.

Yaddir

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