Linchamientos

La escena la hemos visto una y otra vez: alguien grita con furia que vieron a dos ladrones, la población enardecida procede a perseguirlos, cazarlos como a dos animales salvajes, para después poder castigarlos a la vista de todos con cualquier objeto que punzocortante o que pueda herir. Buena parte de los linchamientos se quedan en intentos, ya sea porque la policía rescata a los acusados, casi condenados, o,  en la minoría de los casos, porque la población decide entregarlos en lugar de golpearlos hasta la muerte; no en pocas ocasiones, los linchamientos acaban con la vida de los presuntos criminales; en algunas ocasiones, los linchamientos le quitan la vida a uno o varios inocentes.

 

“¡Ya estamos hasta la madre!” es la frase que encapsula el hartazgo de quienes padecen constantemente robos, secuestros o violaciones, de quienes deciden tomar la justicia por su propia mano. Se sienten desprotegidos por quienes deberían protegerlos; se sienten tratados injustamente por los impartidores de justicia. A falta de seguridad y de tribunal, los pobladores juzgan y se protegen. Pero se cuidan y juzgan con sus medios, capacidades y al calor de una acusación. En la antesala de un linchamiento, no se requieren testigos, pruebas o demandas ante un tercero, basta el grito acusatorio, la voz que exige justicia (o venganza) inmediata. Las personas de los alrededores se arremolinan, abandonan sus actividades, se dan valor los unos a los otros para, casi al mismo tiempo, juzgar y castigar al presunto criminal. La llama acusatoria se ciñe sobre el presunto criminal sin que éste pueda alegar nada, sin que tenga la mínima defensa. Todo pasa rápido, no hay tiempo para meditar lo que está por explotar; se ha encendido una mecha; es casi imposible que no explote. El poder del pueblo reunido consume al disminuido acusado.

 

Suponiendo que el criminal a punto de ser linchado haya afectado a una persona, ¿las personas ajenas al conflicto buscan saciar su venganza o quieren ayudar a la víctima a impartir alguna clase de justicia durante el linchamiento?, ¿quieren mostrar que se protegen o que unidos tienen más poder que cualquier criminal? En caso de que quieran mostrar poder en su unidad, ¿es justo que con esa unidad logren su defensa de cualquier aparente agresor al grupo? Dicho de otra manera: ¿la fuerza propicia justicia? ¿El deseo de venganza se contagia más fácil que el deseo de justicia?

Yaddir

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