Voz sin eco

 

Voz sin eco

 

inerme y blanco tal una flor cortada

Luis Cernuda

Conmovido, profundamente conmovido. Mi voz no encontró su eco. Mi pregunta no encontró respuesta. Se dispersaron mis palabras. Pero todo encontró su orden. Las voces encontraron su orden, cada una, como sabiendo su lugar. Los anhelos dolorosos del mundo corriente se encontraron con los anhelos gozosos de las voces ordenadas, del magistral ejercicio de integridad, armonía y resplandor (Suma Teológica, I, 39, 8) que es Sicut Cervus de Palestrina. ¡Vaya contraste! Mantenía en la memoria el al taazveni que me dejó en el alma un escritor admirado. Repasaba el salmo en el descanso de las lecturas. Sobre todo ahora que reviso viejas revistas literarias para poder conversar sobre los libros que leo. Sobre todo ahora que las memorias y los epistolarios son mi sobremesa. Yimale fi tehilateja repetía en el alma. Voz sin eco; ventanal de mi experiencia lectora, le llamé alguna vez. Súbitamente, empero, la polifonía presentó cuatro partes vocales reunidas en un único anhelo: perfección. Uno es espectador, inevitablemente. Aunque es decisión propia enmudecer o buscar la palabra. Den elpízo típota… comienza una juiciosa frase griega. Supongo que las luces de Lacio conmoverían a los vientos del monte Athos; o quizá ningún musico inconforme se reunirá jamás con un monje ortodoxo. Maravilla del motete: cada voz sigue su propio camino, una armonía casi teleológica. Obra del arte, sin duda. Los hombres, parece, no podríamos simplemente confluir así: somos imperfectos. Nuestras voces, parece, se dispersarán en el tiempo. Eímai lephtéros, concluye este epitafio. Y aun así, conmovido, prefiero confiar, desiderat ad fontes aquarum, en que alguien escuchará la palabra.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. «Ricos, pobres, medianos, minúsculos o gigantes, ¿qué importa? Caminan unidos y satisfechos hacia el ocaso de la memoria y el fin de la pregunta creativa», observa (¿a tiempo?) Guillermo Fadanelli. 2. En la semana recordé un poema de Luis Antonio de Villena. Mi prudencia, lo sabe el lector, no me permite citar el episodio que dio ocasión al recuerdo (que además es meramente anecdótico y digno de alguna charla de bolero, pero quizá no tanto para conversación de taxista). Obviamente, siendo yo tan decente y recatado, respetuoso de las formas y los pudores, no citaría el poema completo. Cito los versos finales y el libro del que procede. «Y así es este Iker de ahora mismo (exacto número áureo)|brilla y mucho nos arde pues lo conocemos irremediablemente caedizo», en Desequilibrios, Visor, 2004. 3. «El nuevo fanatismo por lo políticamente correcto está dañando a la cultura actual», afirmó Nick Cave, quizás el rock no merezca ser salvado, concluye. 4. Se ha concedido el premio Xavier Villaurrutia a Fabio Morábito por su novela Lector a domicilio, que reseñé aquí. Buena noticia.

Coletilla. «No llamo aficionados a leer a todos los que pasean perezosamente la mirada por las hojas diarias, buscando el amargo tónico de los rencores políticos; ni siquiera a los que, por oficio, escarban hasta los rincones de los libros y transforman en frío objeto de consulta un volumen de palpitantes versos. No; unos y otros van a la lectura, o por profesión o por utilidad, o por manía o por aburrimiento. Pero hay otros -de estos los míos- que van a los libros por amor, como a un cultivo benéfico y diario del espíritu, donde se curan de los enojos y las importunidades cotidianas. Gustan de traer el libro en la mano, lo leen a ratos, lo acarician un poco, y lo tienen por verdadero amigo». Alfonso Reyes