Con un bolsillo rebosante de oro

Un par de huaraches de cuero, tres tacos de cecina, veinte canicas, una muñeca Barbie mariposa, seis cancioneros Picot, un Alka Seltzer, un control de nintendo, una pelota de hule, unos lentes Eagle Eyes, veinticinco centavos, unas pantuflas Michael Jordan, un vasito de porcelana para afeitarse, un castillo de Grayskull, una navaja de afeitar japonesa marca Feather, un corte de cabello a la moda, veinte bolsitas de piedrulces, dos perros lanudos, una cerca en mi patio, un AF2 de thief, una casa, tres motonetas, cinco sartenes, un salero en forma de cochinito, cuarenta y cinco botones, todos los magicuentos, una serenata, un mustang amarillo, tres librerías, ochenta y cuatro botellas de kraken, un patito de hule, una caña de pescar de Lu Shang, seis gatos, un jabón perfumado, nueve vidas, un cartón de cajetillas de cigarros Camel, una pipa que fuma burbujas, una mac air, diez tanques de oxígeno, un beso, tres fotografías, un acta de matrimonio, una carta astral, una luna de miel, el casino trece, cuatro nombres, un esclavo, el olvido, una intervención quirúrgica para mejorar la digestión, un topo, unos zancos, bálsamo para hacer crecer la barba, La Verdad, un curso de maestría en inversiones, unos audífonos inalámbricos, tus discos favoritos, doce poemas grabados con la voz de Paco Stanley, una línea de coca, la colección de las pepsi cards, un yoyo marca Duncan, una bendición de mi abuela, el tiempo perdido, el título del hombre del año robado al Santo Papa, un investigador privado, un piropo de Maribel Guardia, un castillo de arena, ocho horas continuas de sueño, envejecer frente al televisor, un desayuno en Tiffanys, un rebozo de seda de Tepic, las mañanitas, un pastel de cumpleaños con extra chocolate, seis velitas, flores en su tumba, un nicho en el camposanto, medicinas, un labial con extracto de aloe, un triciclo apache, un tatuaje que diga μῆνις sobre el corazón, mi casa en Argos, una guajolota, dos platos de chilaquiles uno verde y uno rojo, un punto y seguido, mi negra, unos takis con coca, un jugo de naranja, un omelet con jamón de pechuga de pavo, un reloj de pulsera que muestre las fases lunares en la carátula, un poco más de imaginación, un par de años más de vida.

Todo eso y más seguramente podría comprar, dijo Calcas mientras suspiraba y dejaba volar su imaginación de nuevo.