En territorios tuiteros las figuras públicas desean hacer ruido, el modo más fácil de destacar. Insultos, descalificaciones, provocaciones, posiciones extremas (falsas, irracionales), amenazas y burlas dan vida a la interacción de la red social. Lo importante es hacerse ver, sin importar cómo. Lo importante es encabezar una batalla de tuits; poco valen los daños. Lo importante es estar en el centro. Pero lo más importante de todo es hacerse constantemente famoso. En tiempos virales, la más escabrosa extravagancia pone a su creador en el podio de la tendencia.

Los políticos se dieron cuenta que los internautas, esa población que puede ser representada en números por programas y estudios específicos (capacidad adquisitiva, horarios de consumo, páginas más visitadas, número de likes, clics por minuto, música más escuchada), se fijan más en la alucinante extravagancia de lo viral que en las ideologías políticas. La ideología política debe pasar por el tamiz de lo viral. Ya no se habla de comunistas, capitalistas, demócratas o aristócratas, se habla de chairos, derechairos, millennials o retrógradas. Tienen mayor consecuencia en el valor del dinero los tuits de Trump que sus cambios de gabinete. Las guerras comerciales son sobre productos que nos permiten estar al tanto de lo viral; siete de los diez hombres más ricos del mundo basan su fortuna en el internet o productos que permitan el acceso al internet. Creemos acceder a la comprensión de la realidad a partir de una virtualización de ésta que pensando qué es lo real.

La gloria que se ganaba con las acciones políticas, principalmente las grandes proezas bélicas, fue destronada por la fama de quienes tenían visibilidad y atraían. Ahora la fama pasa a ser lo viral. Lo viral puede provocarse por accidente, obtenerse después de constantes humillaciones y exposiciones de la vida privada; la fama al menos se ganaba con un poco de esfuerzo y se mantenía por el talento, el atractivo y un poco de disciplina, aunque se potencializaba por el escándalo. ¿Cuántos han actuado para su propia gloria y la de sus naciones?, ¿podemos ver entre la refulgente luz neón de la viralidad un acto glorioso?, ¿qué seguirá después de lo viral para saciar la vanidad?

Yaddir

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