Dulces sueños

Constantemente me sorprendo pensando que haya quienes duermen escuchando balas. No me refiero a canciones con detonaciones que puedan arrullar a las personas, estoy pensando en quienes escuchan a cada rato las detonaciones de dos grupos en pugna como si estuvieran a un metro de ellos y aun así logran soñar. ¿Qué nivel de concentración o de indiferencia han logrado conquistar?, ¿en qué clase de valentía o de resignación han ido a dar? Supongo que es parecido a acostumbrarse al ruido; sólo cuando hay silencio se nota; se puede caminar mientras cientos de voces se mezclan y los autos gritan su prisa. Pero, a diferencia del ruido citadino (que no deja de ser una lenta y cotidiana tortura) las balas pueden matar. Tan sólo una bala podría penetrar por una ventana, inclusive una pared (dependiendo el calibre), y terminar tajantemente con la vida de alguien mientras sueña; una persona, que vive en una populosa y peligrosa colonia, me aseguró que escuchó una bala rebotar al menos ocho veces en su cuarto y salir sin lastimar a nadie dentro del cuarto. ¿Pero qué se puede hacer ante ello?, ¿conviene protestar, exigir seguridad, protegerse con paredes más gruesas, vidrios blindados y pijamas anti balas? o, dadas las complicaciones y lo costoso de un equipo semejante, ¿lo mejor es no preocuparse por ello para poder dormir mejor?, ¿a qué clase de vida se puede aspirar cuando en cualquier momento, sin prepararse para ello, sin que haya posibilidad de arreglar asuntos pendientes, la vida se pierde en un sueño? No se puede vivir bien sin sueños.

Yaddir

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