Grandes planes

En la época de la sobrepoblación, la oferta laboral cada vez más estrecha y la novedad como directriz, las exigencias van en aumento. La luz cándida de la modernidad ilumina nuestro mundo y nuevos descubrimientos, nuevas tecnologías, nuevos conocimientos despiertan el afán de ser conseguidos. Al establecerse un modelo levantado sobre competitividad y habiendo un sinfín de individuos, requiere esfuerzo y suerte destacar y obtener beneficios de ellos. Cualquier nimiedad busca ser puesta en alto con el fin de marcar la diferencia con el resto. Las exigencias mudan con tal velocidad que se perciben como modas o acontecimientos circunstanciales. No sabemos con claridad si saber chino es por la explosión demográfica de chinos o por el bien en sí mismo de saberlo o por si aportar una manera distinta de nombrar y conocer las cosas. Ahora florecen expertos en un asunto particularísimo o los que asumen que desde su asunto particularísimo pueden solucionar, arreglar o medir la totalidad, El liberalismo económico admitió el intento recurrente por trascender en el hombre; lo que descuidó es preguntarse si requería sabiduría o de qué tipo es esa sabiduría.

Bajo este cariz, la educación pierde su esencia introspectiva. La escuela, centro de crítica y a veces de disidencia, no revierte la situación. Falto de constituirse, el hombre busca los conocimientos que le permitan construir su futuro. La utilidad, para qué le servirá, elude una consideración profunda, acaba siendo el beneficio expedito y pronto a verse. En vez de un miramiento hacia su propia composición, una visita a su memoria, hay una proyección a lo incierto. En plena libertad, el hombre posee la oportunidad ser como desea. Las escuelas afirman formar a los hombres; no es modelarlos según una visión, ni poner en cierta disposición los aspectos inherentes, sino modelar un cuerpo nuevo desde el barro.

Gravemente, la escuela engaña al sumergir en niebla. Favorece desatender el presente y mirar optimistamente al futuro. Está educándose por lo que viene, ¿será por eso que los días llegan a transcurrir con tanto tedio? Hay numerosas escuelas que no enseñan a ser feliz y no se preocupan en ello. Engañan para no develar nuestra inercia. La educación del hombre resulta fatua, pese a tener el mayor prestigio o se asuma su concreción. La escuela moderna seduce con sueño de poder, aunque se viva precisamente como un ciego.